Ejecutan a tres secuestradores en Cuba
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 | Imponen largas condenas a otros participantes del rapto de un ferry |
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Ramona Copello Castillo, madre de Lorenzo Enrique Copello Castillo, uno de los tres ejecutados, dijo que su hijo fue “fusilado injustamente”. (LA PRENSA/AP) |
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Isabel García-Zarza Reuters
LA HABANA.- Tres de los hombres que la semana pasada secuestraron un ferry en La Habana, fueron ejecutados la madrugada del viernes tras haber sido condenados por “graves delitos de terrorismo” en un juicio sumario, dijo el gobierno cubano.
“Al amanecer de hoy (ayer) las sanciones fueron aplicadas”, dijo una nota oficial leída en el noticiero de la televisión estatal.
El Tribunal Provincial de Ciudad de La Habana, “tomando en cuenta la alta peligrosidad social de los hechos”, condenó el 8 de abril a la pena de muerte a Lorenzo Enrique Copello Castillo, Bárbaro Leodán Sevilla García y Jorge Luis Martínez Isaac, acusados de ser “los brutales jefes de los secuestradores”.
Las condenas fueron ratificadas posteriormente por el Tribunal Supremo Popular, ante el cual los condenados presentaron recursos de apelación que fueron rechazados, y por el Consejo de Estado.
Éstas son las primeras ejecuciones confirmadas en Cuba desde abril de 2000, cuando, según grupos de derechos humanos de la isla, se ejecutó la última pena capital. Otras condenas a pena de muerte en este tiempo no fueron aún ejecutadas.
“Esto significa un retroceso, en el 2000 dejaron de fusilar, había una moratoria de facto”, dijo Elizardo Sánchez, de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional.
“Estas ejecuciones son un asesinato con ropaje judicial. Cuando se actúa de manera tan sumaria el riesgo de errores es muy alto. Se busca ejemplarizar, pero los actos delictivos de estas personas no significaron lesiones graves para nadie”, añadió.
El gobierno, que señaló que en el proceso hubo “pleno respeto de las garantías y derechos fundamentales de los acusados”, no detalló la forma en que fueron ejecutados, pero según Sánchez, a las familias les comunicaron que habían sido fusilados.
La madre de Bárbaro Leodán Sevilla, quien tenía 21 años, sufrió una crisis de nervios cuando le comunicaron de madrugada la ejecución de su hijo, y afuera de su casa, en el Centro Habana, se registraron incidentes al salir decenas de vecinos a la calle llorando y lanzando gritos contra el gobierno, dijo un vecino de la cuadra.
Poco después la policía llegó para controlar la situación y mantuvo todo el día la zona acordonada para evitar el acceso.
Los condenados secuestraron el 2 de abril un transbordador que, con 50 personas a bordo, realizaba el corto trayecto entre La Habana y la localidad cercana de Casablanca, con la intención de dirigirse a Estados Unidos.
Pero el transbordador, de 15 metros de eslora, se quedó sin combustible a 45 kilómetros de Cuba. Debido al fuerte oleaje los secuestradores accedieron a que la embarcación fuera remolcada hasta el puerto cubano de Mariel, donde exigieron combustible para ir a Estados Unidos.
El secuestro finalizó cuando, tras 38 tensas horas, una turista francesa se tiró al agua, allanando el camino para que las autoridades redujeran a los secuestradores, que llevaban una pistola y cuchillos.
Otros cuatro participantes en el secuestro fueron condenados a cadena perpetua, otro a 30 años de cárcel, y tres mujeres a cinco, tres años y dos años cada una.
"¡ME LO MATARON!"
Ramona Copello Castillo está desesperada. También está furiosa: “Me lo fusilaron’’, dice con los ojos llenos de lágrimas.
Esta mujer era la madre de Lorenzo Enrique Copello Castillo, uno de los tres hombres ejecutados la madrugada de este viernes, luego de haber sido hallados culpables de secuestrar una lancha y tomar rehenes para viajar a Estados Unidos.
“Yo soy fidelista. Yo amo a mi patria. Pero ahora ya no amo a Fidel (Castro), ni a la revolución porque me fusilaron a mi hijo injustamente’’, casi grita entre sollozos ante la AP.
Vestida con blusa crema, pantalón azul y zapatos café se ve agobiada. Tiene el cabello recogido y la boca tensa hacia las mandíbulas. Una y otra vez mueve las manos.
“Él estaba trabajando –el hombre era técnico en construcción– y ese día había salido de su trabajo y les entró eso en la cabeza y todo el mundo comenzó a reunirse y todo el mundo se montó en la lancha sin idea de matar a nadie’’, explica.
“Era para intimidar para desviar la lancha a los Estados Unidos’’, indica.
El joven Copello, de 31 años, había tenido antes problemas con la justicia, reconoce su madre. Durante cuatro años estuvo preso por acosar a turistas. Ahora estaba a punto de volver a purgar un año más. 
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