Hermanos Tejada Peralta
Elisa De Mego
No los conocí. Eso no importa, porque tampoco conocí a millares que murieron, mueren y seguramente morirán por la codicia, la arrogancia y la indignidad humana. Pero eso no nos impide escribir unas líneas sobre los hermanos René y David Tejada Peralta, sacrificado este último, asesinado por la GN el Viernes de Dolores, hace 35 años.
Para que no se pierda su memoria, ni de los que como ellos han sufrido injusticias feroces sólo por opinar diferente o quizás por actuar de manera distinta al resto, escribo estas líneas para que el sacrificio de David no sea olvidado.
Los hermanos Tejada Peralta fueron detenidos y torturados hasta matar a uno de ellos, David, a golpes, por supuestos hombres, supuestos seres humanos que arrojaron su cadáver al volcán Santiago.
Preguntarse por qué sería justificar una razón para semejante actitud, y no la hay. Estas líneas tienen un único objetivo, o tal vez dos: recordar el sacrificio de David y la tragedia de René, torturado, quien no pudo ser más que testigo de la muerte de su hermano, y para quienes nunca escucharon ni leyeron nada sobre ellos, despertarles el interés y que los conozcan.
Lo que se escribió hace 35 años en artículos y editoriales de LA PRENSA me impresionaron, por la impunidad con que actuaron los asesinos, por lo salvaje, por lo terrible de la historia de los hermanos Tejada Peralta.
Valgan estas líneas para expresar mi recuerdo. Pues, como dijo el poeta Pablo Neruda: “Podrán arrancar todas las flores, pero no detendrán la primavera”. 
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