Tambores de guerra
Blanca Castellón
La gente del otro lado se está muriendo nos están asesinando las esperanzas
no hay un solo oasis en el que refugiarse no deberíamos morir así
hoy sin querer pisé una hormiga y la enterré en mi patio
pensé en el trabajo arduo de su cada día
pensé en sus hermanas y en los hijos que la esperaban
luego encendí el televisor y sólo vi escenas de guerra muertos sangre niños llorando
dijeron que en la “operación” se gastaban millones de dólares
me asusté y salí a la calle
un anciano esculcaba el barril de la basura
encontró un pedazo de queso y se lo llevó contento con un brillo en los ojos
el queso había expirado y supongo que él también habrá expirado con todo y sus pupilas vidriosas
más tarde me encerré en el cuarto y escribí estas líneas
para vaciarme y empezar de nuevo.
Tiempos de guerra
El globo estrena una misteriosa variedad de cáncer
carcome el útero sagrado
se harta de carne humana con hambre fiero
galopa casi triunfante en el lomo de la tierra
el volcán ruge su queja el hombre llora su inercia
y yo ¿y yo qué? ¿Dónde, cuándo?
Aquí insiste el responsable eco
agita mi tinta mi sangre y me grita ¡escribe!
Gajes de oficio
Sentirse bajo la lupa escrutadora de una sombra indefinida
no mover la pluma ni los labios que suenan como hielo al contacto del cristal
andar de puntillas en la casa para no despertar sospechas para no engordar la duda que flota en el ambiente
la duda en cuanto al oficio parasitario y nada noble de escribir y volar y suspirar y decir y decir que en un brote de tinta se erige la esperanza
contorno certero y verde inalterable de la razón y el corazón que a paso lento camina hacia la cima iluminada con el foco del idioma
Sin embargo, a veces la tierra es cariñosa
Qué hermoso abandonarse a los besos que la Tierra
con sus labios hinchados le regala a los pies
antes de escupir y hacernos temblar con sus reclamos
yo aprovecho esos días para acariciarla descalza
le froto el vientre el ocre la grama el fruto
abro ventanas y le grito —¡te quiero!—
a veces se queda callada como cuando estás ausente
a veces me contesta con florecillas blancas o algún durazno
y otras veces se humedece de puro cariño que me tiene. 
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