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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 5 DE ABRIL DE 2003
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Tambores de guerra

Blanca Castellón

La gente del otro lado se está muriendo
nos están asesinando las esperanzas

no hay un solo oasis en el que refugiarse
no deberíamos morir así

hoy sin querer pisé una hormiga
y la enterré en mi patio

pensé en el trabajo arduo de su cada día

pensé en sus hermanas
y en los hijos que la esperaban

luego encendí el televisor
y sólo vi escenas de guerra
muertos
sangre
niños llorando

dijeron que en la “operación”
se gastaban millones de dólares

me asusté y salí a la calle

un anciano esculcaba
el barril de la basura

encontró un pedazo de queso
y se lo llevó contento
con un brillo en los ojos

el queso había expirado
y supongo que él también
habrá expirado con todo
y sus pupilas vidriosas

más tarde me encerré en el cuarto
y escribí estas líneas

para vaciarme y empezar de nuevo.




Tiempos de guerra

El globo
estrena
una misteriosa
variedad de cáncer

carcome el útero sagrado

se harta de carne humana
con hambre fiero

galopa
casi triunfante
en el lomo
de la tierra

el volcán ruge su queja
el hombre llora su inercia

y yo
¿y yo
qué?
¿Dónde,
cuándo?

Aquí insiste
el responsable eco

agita mi tinta
mi sangre
y me grita
¡escribe!




Gajes de oficio

Sentirse bajo la lupa escrutadora
de una sombra indefinida

no mover la pluma ni los labios
que suenan como hielo
al contacto del cristal

andar de puntillas en la casa
para no despertar sospechas
para no engordar la duda
que flota en el ambiente

la duda en cuanto al oficio
parasitario y nada noble
de escribir
y volar
y suspirar
y decir
y decir
que en un brote
de tinta
se erige
la esperanza

contorno
certero
y verde
inalterable
de la razón
y el corazón
que a paso lento
camina hacia la cima
iluminada
con el foco
del idioma




Sin embargo, a veces la tierra es cariñosa

Qué hermoso abandonarse
a los besos que la Tierra

con sus labios hinchados
le regala a los pies

antes de escupir y hacernos
temblar con sus reclamos

yo aprovecho esos días
para acariciarla descalza

le froto
el vientre
el ocre
la grama
el fruto

abro ventanas
y le grito
—¡te quiero!—

a veces se queda callada
como cuando estás ausente

a veces me contesta
con florecillas blancas
o algún durazno

y otras veces se humedece
de puro cariño que me tiene.  
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Tambores de guerra