Erika Boss entre la vida y la pintura
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Pintura de Erika Boss. |
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Álvaro Gaitán Barrios*
Considerada entre la crítica especializada de su país, como una de las pintoras naïf más importantes de Argentina, Erika Boss no es pintora como diría alguien, se hace pintura.
Se descubrió a sí misma en la pintura en una edad ya madura, fue tanto el éxito de su pintura, que muchas veces fue invitada a exponer dentro como fuera de su país, fue premiada en diversas ocasiones, la UNICEF imprimió en tarjetas sus pinturas que luego fueron distribuidas pro todo el mundo.
Una galería en Suiza se arrogaba su representación. Toda una pasión y vocación dedicada a la pintura, hizo tambalear su matrimonio, el esposo de Erika siempre se opuso a que ella pintara. Pero siempre creyó poder sortear las vicisitudes que la vida le deparaba. En Buenos Aires, fue invitada a exponer personalmente una vez más, pero Erika estaba lejos de imaginar que esta sería su última exposición. Su esposo falleció minutos antes de la inauguración, Erika Boss no volvería a pintar, guardó sus pinceles para siempre y se marchó a vivir a Berlín.
Dentro de las obras que dejó para sí, existe una, que significativamente llama la atención por la riqueza de su imaginación, es el jardín del edén (siempre los primitivos con su añoranza del paraíso) en él se puede ver relativamente toda la creación en sí, o lo que la pintora conceptualiza a su manera de ver y percibir; mucha fauna, flora, volcanes, ríos, un cielo estrellado y la misma vez con un sol resplandeciente, todo armónicamente ejecutado, dentro de los árboles y en lugar como queriendo contemplar su obra creadora el Padre Celestial yace en una hamaca recostado, jugueteando con las aves que llegan a saludarle, el cuadro se titula “Me tomo cinco minutos”. Paradoja aplicable a Erika Boss, que se ha tomado para sí, cinco minutos y poder contemplar sus creaciones, que desde su riqueza interior quiso transmitirnos, Erika continúa viviendo en Berlín, trabaja en una institución que tiene que ver con Nicaragua desde donde ha aprendido a amar esta tierra de lagos y volcanes, a la cual vendrá dentro de pocos días, desea volver a pintar. Aunque sólo ella sepa cuándo terminarán sus cinco minutos.
*Pintor
Madrid, 12 de febrero del 2003. 
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