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MARTES 1 DE ABRIL DEL 2003 / EDICION No. 23048 / ACTUALIZADA 03:00 am
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La ONU y el “nuevo orden internacional”

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Ary Neil Pantoja
aryneil.pantoja@laprensa.com.ni

Había una vez un planeta llamado Tierra. Por sus dimensiones, variedad de culturas y diversas características de sus habitantes, Tierra se dividió en naciones o países y a este sistema de vida se le conoció como Mundo. Llegado el siglo XX, las naciones de Mundo se vieron involucradas en dos grandes confrontaciones armadas.

Al término de la llamada Segunda Guerra Mundial y en vista de los devastadores efectos del conflicto, Mundo debió encontrar una forma de organización que le permitiera impedir un nuevo enfrentamiento de tal magnitud. Para lograr este fin, las naciones debían ponerse de acuerdo en conformar un organismo que aglutinara los esfuerzos por construir un “Mundo de Paz”.

Así, en 1945 las naciones de Mundo decidieron integrar la Organización de Naciones Unidas, mejor conocida por sus siglas como ONU, con el objetivo principal de regular las relaciones entre los países, preservar la paz entre ellos, mediar en los conflictos internos de cada uno y evitar, por todos los medios pacíficos, que se repitieran las “guerras mundiales”.

Después de la Segunda Guerra, Mundo quedó divido en dos grupos de naciones que mantenían posiciones hostiles unas contra otras. Pasaron los años y, en lo posible, ONU cumplió con sus objetivos de preservar la paz y mantener la concordia entre ambos grupos a pesar de las diferencias abismales y sistemas de gobierno totalmente antagónicos.

Esa era la ONU, un organismo fuerte, capaz de transmitir confianza y hacer valer sus resoluciones porque era la voluntad de las naciones que la integraban, pese a sus grandes diferencias. Sin embargo, un día una de las naciones más poderosas y temidas de Mundo decidió que la ONU ya no era viable para sus intereses.

Estados Unidos se hacía llamar esta nación que se erigió arrogante y prepotente, a cuyo gobernante le importó muy poco lo que el resto de naciones unidas deseaba para Mundo. Pasó por encima de sus resoluciones y fue en contra de un país hermano al que consideró su enemigo, porque también había violado un mandato de la ONU.

La ONU dejó de ser un organismo capaz de sostener la paz y la convivencia entre las naciones. Incapaz e incompetente para resolver los conflictos por la vía del diálogo, decidió entonces convertirse en un sistema de países cuyo fin sería llevar ayuda humanitaria a las víctimas de la “nueva guerra”.

Los países miembros observaron con tristeza el patético rol que asumió el organismo que crearon con tanta esperanza 58 años atrás. Se pensó entonces que no valía la pena mantener un organismo en tiempos de paz si no era capaz de impedir la guerra o, en todo caso, que era inoperante en tiempos de guerra y que simplemente serviría para llevar ayuda humanitaria pasado un nuevo conflicto. Para ello, cada nación podía asumir ese rol individualmente.

Entonces se estableció un nuevo orden, que de nuevo no tenía mucho y de viejo lo tenía todo: Una súper potencia intransigente y déspota asumió el papel que ONU no pudo desempeñar más; el de “protector y defensor de los derechos humanos, promotor de la democracia y destructor de los regímenes dictatoriales”; un juez y policía de Mundo... Resurgió Estados Unidos.  
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