Silencio
Jean Paul Matagne
Hoy por hoy se habla mucho de contaminación y una de ellas es el ruido: la contaminación del ruido es lo que sufrimos cuando nos sentamos en las rocas para contemplar el mar, gozando del viento y de las olas, pero sin gozar para nada del estruendo de la música soul del aparato de radio de la mesa junto a nosotros.
Contaminación del ruido es lo que acaba con la calma del barrio cuando una iglesia pone su parlante afuera y grita su sermón tres horas al día, todos los días.
Contaminación del ruido es cuando decides leer un libro en el patio de tu casa un domingo y el vecino se pone a probar su nuevo equipo de sonido a todo volumen.
La contaminación del ruido emana de toda la gama de motores, camiones, buses. De los equipos de sonido que promocionan un producto en la calle todo el día y a todo volumen. La contaminación del ruido es el poderoso motor de una moto de playa que destruye toda ilusión de paz que hubiese soñado cualquiera a lo largo de las playas de Nicaragua.
El ruido es la parte tan omnipresente de nuestras vidas que para muchos es el “acompañante” natural de la civilización, el “precio del progreso”. ¿Y los abusos? ¿Y la falta de respeto a la libertad individual? ¿Y los problemas de salud?
La Organización Mundial de la Salud publicó una definición de salud que incluye no sólo ausencia de enfermedades sino un estado de bienestar.
En el cuidado de toda persona, los médicos han reconocido que el ruido retrasa la recuperación porque perturba el descanso. La dificultad para concebir el sueño está asociada con la tensión, el desaliento y la amargura.
El ruido causa un aumento intempestivo de la presión sanguínea.
El ruido produce tensión, tensa los músculos, cambia el diámetro de los vasos sanguíneos.
A conclusión el hombre está siendo expuesto a cantidades cada vez mayores de una nueva mezcla de tensiones: químicas, físicas y psicológicas.
¿Qué podemos hacer para frenar esa contaminación y hacer que respeten nuestro bienestar?
Yo creo que la respuesta es organizarse y reunirse.
Aquel que no pueda ver tranquilo su novela de la siete porque empezó el culto al lado.
Aquel que no pueda alquilar un cuartito de su casa porque se instaló un bar de mala muerte en la esquina.
Aquel que está callado en depresión porque no soporta el pito de los buses todo el día frente a su casa.
Aquel que todos los domingos tiene que aguantar a sus vecinos y que no le pueda decir nada por miedo.
Aquel cristiano que no puede rezar ya que el silencio es un requisito previo a la disposición espiritual, porque en el silencio es capaz de percibir la voz de Dios.
Hay que unirse contra el ruido, buscar una forma legal de funcionamiento incluyendo médicos, psicólogos, abogados y sacerdotes.
Hay que buscar si existen leyes o sino hacer que las aprueben. Hay que organizar brigadas para demostrar a los ojos de la comunidad los sufrimientos de las víctimas del ruido, cuando éstas tienen miedo de tratar directamente con vecinos ruidosos.
El autor es cheff internacional. 
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