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SáBADO 28 DE SEPTIEMBRE DEL 2002 / EDICION No. 22865 / ACTUALIZADA 1:30 am
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Blanco y negro
Menos corrupto, ¡qué orgullo!

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Eduardo Enríquez
eduardo.enriquez@laprensa.com.ni

Siempre que escribo esta columnita trato de incluir una que otra frase que provoque alguna reacción en el lector. La semana pasada incluí dos, una en la que expresaba que con sólo tenerle miedo a un eventual triunfo electoral sandinista no hacemos nada, porque éste, tarde o temprano se va a dar, si ese partido continúa sólido en su 35 ó 40 por ciento de apoyo popular. La otra, decía simplemente que el gobierno sandinista había sido el más corrupto de la historia.

Yo creía que la primera iba a provocar reacciones en los lectores. Para mi sorpresa, fue la segunda. Fueron varias las personas que me dijeron que la corrupción en el gobierno sandinista era mucho menor que en el gobierno de Somoza y en el de Arnoldo Alemán.

Hasta un señor que me escribió desde la Universidad de Washington, donde supongo es académico, criticaba esa afirmación pues me preguntaba ¿qué fue lo que los sandinistas robaron? para luego enumerar confiscaciones que, me imagino, él considera justas.

En realidad la carta del señor tenía puntos interesantes y ojalá la hubiera redactado en términos más acordes a su estatura académica, para publicarla.

Pero lo que me llamó la atención fue que la gente reconocía la corrupción del gobierno sandinista, pero su reclama radicaba en que ¡no era el más corrupto!

Estoy claro que mi afirmación es correcta, porque la corrupción de los jerarcas del Frente Sandinista no se limitó a usar el Presupuesto Nacional como cuenta corriente, sino que extendieron la corrupción a otros ámbitos de la vida nacional. La corrupción de ellos fue “más horizontal”, es cierto, y no fue tan voraz como la de Arnoldo Alemán porque no tenían prisa, creían que el Partido iba a gobernar por un milenio.

Sin embargo, al final yo me pregunto ¿qué diferencia hay? Si son más o menos que Somoza o que Alemán, al final es irrelevante. El punto es que fueron obviamente corruptos y si usé la frase fue simplemente para destacar que ahora, irónicamente, son los adalides de la honestidad. Pero es interesante ver cómo la gente se preocupa por el lugar en que queda su partido de preferencia en el ranking de la corrupción. Por eso creo que vamos mal, lo que me lleva a la primera frase de la columna de la semana pasada. Un partido del tamaño y la organización del Frente Sandinista eventualmente va a ganar unas elecciones en Nicaragua. Es simplemente parte de la alternabilidad del Poder.

Sin embargo, a todos —tanto a los sandinistas como al resto de los nicaragüenses— nos conviene que cuando eso ocurra ese partido no sea el mismo que gobernó en los años 80. Y mientras más pronto desaparezcan de la jerarquía todas esas personas de verdeolivo y cartuchera que se creyeron los dueños de Nicaragua, mejor.

A como van las cosas, no creo que esa evolución se dé antes del 2006. Increíblemente, en eso los liberales les llevan la delantera, pero la evolución se tiene que dar. Como sociedad no podemos consolidar la democracia si nuestra elección debe ser entre los más corruptos y los del segundo lugar en la escala de corrupción. Ambos partidos deben evolucionar.  
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