El Chile nuestro de cada día
Ernesto J. Marín*
Intentamos parafrasear a las Sagradas Escrituras (el pan nuestro de cada día) para adaptarnos al modus vivendi de los nicaragüenses, cuando oímos o leemos alguna noticia que involucre a la existencia de “El Chile”, una de las joyas de la corona de don Arnoldo, de su reciente patrimonio como brillante y esforzado casa y terrateniente en doble partida. Pues bien en esta nueva propiedad construyó una casa de ensueño que le da cobijo a su nuevo hogar. El pobre empresario, imaginamos que se fue hasta el cuello con la construcción y mejoras que tiene su nueva residencia. Como buen amigo de comodidades, y con el afán de llevar el progreso, ordenó al Ministerio de la Construcción una nueva carretera de 20 kilómetros exclusiva para llegar al nuevo sitio, decimos exclusiva porque el tráfico diario no excede de los 30 vehículos, los autos de la familia, sobre el camino más solitario e improductivo de Nicaragua, cuyo costo casi llegó a los tres millones de dólares.
Tomamos al azar “El Chile” por la proximidad de Managua y la publicidad que continuamente recibe de los medios de comunicación, además de que en ese lugar se han fraguado los negocios más inverosímiles del círculo de amigos cortesanos del pasado gobernante. Así ampliamente y sin ocultar nada, todo un mapa de sus más nuevas adquisiciones. Un faraónico capital cuando apenas hace diez años no tenía ni el alero de una casa propia. Un perfecto hombre araña que todo lo que toca se le pega a sus largos y viscosos dedos. Tal vez nos sirva para recordar una anécdota del general Somoza García, su ídolo en tantas fechorías, cuando al inaugurar la nueva mansión de uno de sus ministros, tuvo una publicidad crítica en todos los periódicos, entonces el viejo general tomó el brazo de su ministro y le dijo que tuviera cuidado cuando come gallina ajena, de ocultar todas las plumas que le arranquen.
Es difícil encontrar una institución gubernamental que no haya sido “tocada” por don Arnoldo, y allí está el plumero regado que nunca se molestó en ocultar, de las decenas de gallinas ajenas que vorazmente se ha tragado. Mi admirado Eddy Gómez declaró a LA PRENSA que su cuñado recibía como un millón de dólares al mes producto de las mágicas transferencias que él y su satélite ponían en práctica.
La cleptocracia es gobierno de ladrones, en su máximo esplendor que brilló en el país con cinco trágicos años de despellejamiento continuado. La ambición sin límites, la ausencia de principios morales, la indiferencia hacia los demás, y la desvergüenza más supina ante las necesidades de uno de los pueblos más paupérrimos del orbe terrestre. Fue un período tan cainesco que solamente el presidente del Banco Central se adjudicó un suelo de treinta mil dólares, más otras regalías, tarjetas, gastos de representación, protocolo, sumando un sueldo anual de casi medio millón de dólares, como el doble al ingreso del presidente de los Estados Unidos, la nación más próspera y rica del planeta.
La antropofagia de un señor que campantemente se ha engullido los bienes y efectivos de sus conciudadanos de alguna manera tendrá que pagar tanta maldad, hasta que olvidemos al nefasto Chile de nuestras mentes y pesadillas. Así sea.
* El autor es diplomático. 
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