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SáBADO 28 DE SEPTIEMBRE DEL 2002 / EDICION No. 22865 / ACTUALIZADA 1:30 am
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Editorial
La agenda de Uribe en Washington

Esta semana, el presidente colombiano, Álvaro Uribe Vélez, estuvo por Washington en visita de trabajo. Cualquiera diría que Uribe no pudo haber escogido peor momento para visitar la capital estadounidense, ya que tanto la administración Bush como el Congreso parecieran por ahora no querer hablar de otra cosa más que del problema de Irak. A pesar de eso, el mandatario colombiano puede sentirse satisfecho del trato que recibió, y más importante aún, del apoyo que recibió. La buena química entre él y el presidente Bush es más que evidente. Ambos tienen el mismo estilo directo y práctico, y no escatimaron elogios mutuos durante la reunión que sostuvieron.

Durante la campaña electoral y después, Uribe ha demostrado estar decidido a ponerle punto final al conflicto armado que azota su país desde hace 38 años. Para lograr eso está buscando con rapidez una mediación real y efectiva de las Naciones Unidas y la participación de la sociedad civil en la lucha contra el terrorismo de las FARC y de los grupos paramilitares. Esa participación —que Uribe llama la agenda de “seguridad democrática”— ha sido duramente criticada por varias ONG en Colombia. No obstante, fue bien recibida por Bush porque es —pudiera decirse— un vivo reflejo del involucramiento de la sociedad civil que la administración norteamericana busca en su propio país para combatir el terrorismo. Para completar su agenda política y militar, el presidente colombiano se reunió también con el secretario de Estado, Collin Powell, y con el de Defensa, Donald Rumsfeld.

Pero Uribe, además —como es la práctica con todos los mandatarios latinoamericanos— llegó a Washington no sólo en búsqueda de apoyo político, sino en búsqueda de apoyo financiero. Y aunque no está regresando a Colombia con un cheque en la bolsa, sí lleva consigo promesas contundentes tanto del secretario del tesoro estadounidense, Paul O’Neill, como del director-gerente del Fondo Monetario Internacional Horst Koehler. Este último dijo que “Me parece que el presidente de Colombia tiene el plan adecuado y el FMI está comprometido a apoyarlo”. El secretario del tesoro, por su parte, dijo que sus políticas económicas merecen el apoyo de los Estados Unidos y de la comunidad internacional. Uribe consiguió, además, que su país tenga acceso, junto con Perú y Bolivia, a los beneficios de la Ley de Preferencias Andinas, con lo que cerca de 7,000 productos colombianos podrán entrar libre de aranceles a los Estados Unidos.

Durante la visita, sin embargo, sucedió también algo que no estaba en la agenda, lo cual no necesariamente quiere decir que no estaba previsto. El Departamento de Justicia de los Estados Unidos anunció que abría un juicio contra tres líderes de las fuerzas paramilitares conocidas como Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Las AUC, al igual que el ejército colombiano, combaten a las FARC y demás grupos guerrilleros. El problema es que ellas mismas están catalogadas como terroristas en el Departamento de Estado, acusadas de asesinar y secuestrar a la población civil y de introducir miles de millones de dólares en drogas a los Estados Unidos. Entre los indiciados y reclamados por la justicia estadounidense está el jefe máximo de la AUC, Carlos Castaño. Una vez conocida la demanda, Castaño anunció que está dispuesto a entregarse. La entrega de Castaño tendería a desbandar a las fuerzas paramilitares, y así Uribe podría adelantar en hacer efectivo su reclamo de que la fuerza militar debe ser monopolio del Estado. En Colombia, no obstante, se teme que la extradición de Castaño podría reavivar las épocas terribles de la lucha contra la extradición, cuando los narcotraficantes y las guerrillas desataron una serie de brutales atentados contra la población civil en las ciudades principales.

La agenda de Uribe incluyó una reunión con el secretario general de las Naciones, Kofi Annan, en Nueva York, quién reiteró su disposición a mediar en el conflicto si lo solicitan las partes. Por lo visto, el mandatario colombiano hizo su trabajo en los Estados Unidos. Ahora de regreso en su país tendrá que seguir enfrentando las duras realidades dentro de un entorno internacional que se presenta cada vez más difícil. Los colombianos merecen vivir en paz. Ojalá que finalmente lo logren.  
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