Ahogados en Tiscapa
Lic. Thelma López Briceño*
Al día siguiente de la muerte de dos jóvenes que escaparon del colegio para disfrutar un “rato de placer” en la laguna Tiscapa de Managua, escuché a un cronista deportivo decir que la culpa la tenían los profesores, y hasta el ministro de Educación, por preocuparse más por las faldas cortas y no por otros asuntos “de peso” en lo que a la educación de nuestros jóvenes se refiere. Otras opiniones encuentran culpables al padre, a la madre o a la persona responsable de éstos, o a los mismos estudiantes por “vagos”. Personas más conformistas dicen: “El destino de los jóvenes era ése”.
Yo no pretendo encontrar culpables, sino reflexionar sobre la responsabilidad de las distintas instituciones, incluida la familia, que tienen el deber de formar y guiar a los jóvenes, para darles capacidad de medir las consecuencias de sus propias acciones.
Es común escuchar expresiones como: “no lo educaron en la escuela”, pero no sólo la escuela —el espacio físico donde nos reunimos con un profesor— es la responsable de “educar”; los padres y madres tenemos una gran tarea en este sentido —aunque trabajemos fuera de casa y lleguemos cansados— como es: el conversar con nuestros hijos e hijas, estar pendientes de sus necesidades, demostrarles —con hechos— que nos preocupamos por ellos. En otro sentido, el MECD debe, por medio de los profesores u otras instancias, preparar y formar a los jóvenes para la vida no sólo enseñándoles que nuestro cuerpo funciona como un sistema; sino haciéndoles entender cómo pueden aprovechar sus capacidades para enfrentar la vida en toda su dimensión.
* serlyre@hotmail.com

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