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JUEVES 26 DE SEPTIEMBRE DEL 2002 / EDICION No. 22863 / ACTUALIZADA 1:30 am
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El liberalismo nicaragüense en la encrucijada

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Julio Ignacio Cardoze*

Arnoldo Alemán y los arnoldistas, con todos sus abusos, han puesto al liberalismo en el ojo del huracán, exponiéndolo a todas las consecuencias que la imaginación pueda producir, y entre las preocupaciones, de liberales y no liberales está que la crisis debilitará al liberalismo, y contribuirá al remozamiento del partido sandinista.

Es inevitable que los sandinistas en el río revuelto saquen ventajas, y aunque es cierto que aparentemente la situación interna en que se debate el liberalismo lo debilita, en realidad será lo contrario, pues la polémica anticorrupción lo dejará depurado, más fuerte que antes, con credibilidad, y con argumentos sólidos para la discusión política, frente a un sandinismo estacionario y petrificado, enquistado en sus viejos vicios y errores, sin rectificaciones, ni renovaciones de ninguna clase, proyectando la misma imagen y retórica obsoleta de siempre, por lo que los liberales debemos saber, que la principal diferencia futura entre el liberalismo y el sandinismo, las paralelas ideológicas y partidos de mayor preponderancia, en la conciencia política popular de las mayorías, estará básicamente en los cambios internos que logremos ahora.

El liberalismo es un desafío a la inteligencia y a la voluntad, invita al análisis y al razonamiento, pero también requiere de decisiones y acciones, y debe ser un ensayo de ética social aplicado en la practica.

Aunque digamos que somos liberales, nunca podremos entender el liberalismo, si no conocemos sus implicaciones, y no será provechoso si no nos sirve, como instrumento de acción política, para consolidar e institucionalizar un Estado de Derecho, para mantener vivo el diálogo con quienes discrepamos, o permitir la existencia de corrientes internas contrapuestas que lo enriquezcan. Ha llegado el momento de preguntarnos, en qué medida somos liberales, y cómo nuestras instituciones y estatutos, reflejan y promueven los principios.

Lo que necesitamos en estos tiempos de crisis, no es otra revolución, sino una reforma —pacífica, pero profunda—, como dice el presidente Bolaños, que preserve no sólo los contenidos, sino también las formas de la legalidad, necesitamos revitalizar y rescatar lo que ya es una fuerza entre nosotros, y no sacrificar nunca más los valores democráticos a cambio de una mal entendida disciplina de partido, porque no somos guardias ni milicias, ni debemos sacrificar un partido en defensa de intereses particulares, porque eso no es liberalismo.

Nuestra lealtad debe ser con la legitimidad y la justicia, la razón y los principios, porque los dirigentes pasan, y aquéllos quedan. La meta requiere el esfuerzo individual y colectivo de todo aquel que se considere un buen liberal, empezando por reformarnos nosotros mismos cada día, y trabajar para que nuestras instituciones y estatutos, sean reflejo de nuestros principios, y el vehículo para compartir esta grandiosa idea de libertad. Algunos piensan que el sandinismo es el de las reivindicaciones sociales, y están equivocados, porque nuestra historia abunda en reivindicaciones sociales verdaderas, hechas realidad por el liberalismo, en defensa de los derechos de los menos favorecidos, y como creador de las clases medias, que solamente existieron cuando hubieron gobiernos liberales, y desaparecieron cuando el liberalismo estuvo ausente del panorama político nacional.

Los liberales no debemos preocuparnos por el futuro, nuestras raíces son profundas en la conciencia nacional, pero debemos comprender que en el presente serán necesarios grandes sacrificios, porque gratis nada se da, y si los sandinistas dicen que se toman las calles, con su retórica vacía y sin esperanza, está comprobado que antes de ellos los liberales nos hemos tomado los campos, las fábricas, los talleres y las oficinas pero, con gente trabajando. Esta es una oportunidad de revalorización política que no debemos desaprovechar, lo único que nos hace falta, es ser consecuentes con nuestros principios, el resto vendrá por añadidura.

* El autor es jurista.
JICardoze@aol.com  
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