Entrevista al Capitán de bomberos de Nueva York
Daniel Daly: “Fue como aterrizar en otro planeta”
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 | Fue testigo y protagonista del horror de los ataques terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos. “Fue un choque tremendo, un impacto espantoso”, expresa el bombero, quien recuerda una anécdota que lo marcó de por vida |
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Daniel Daly, vestido de bombero, relata su experiencia en las labores de rescate del 11 de septiembre. |
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José Adán Silva joseadan.silva@laprensa.com.ni
Era su día libre. Daniel Daly recuerda que estaba en el patio frontal de su casa, pensando que era un lindo día para salir. Soleado, pero bastante fresco. De repente sonó el teléfono. Era un amigo que le pidió, con voz grave, que encendiera la televisión.
¿En qué canal?— preguntó.
—Sólo enciéndela, tienes que ver algo— le dijo el amigo.
¿Pero qué canal...?
—¡No importa qué canal, sólo enciende la maldita televisión!
Sin más preguntas, encendió la TV y no podía creer lo que veía. Sin tener completa certeza de lo que ocurría, el instinto le dijo que debía buscar su unidad de bomberos. Se subió al auto, y a toda prisa enrumbó hacia ella.
Mientras iba en el camino escuchaba una estación de radio que describía los sucesos, y nunca olvidará lo que la locutora dijo.
Ella describía lo que estaba viendo. “Hay mucho humo encima del edificio, casi no se ve nada”, dijo, y agregó: “Ahora el humo está rodeando todo el edificio”; después, tras relatar unos detalles de lo que aún no podía ver, expresó: “¡Hey, esperen un momento, el humo se está despejando!”
Luego una pausa larga, y con voz trémula, casi un grito, una expresión de horror: “¡Oh, my God!”. Las torres ya no estaban.
UN ADIÓS PERSONAL
Ésta es sólo una parte del conmovedor testimonio de Daniel A. Daly, veterano bombero del distrito de Manhattan, quien recientemente visitó Nicaragua para compartir su experiencia con estudiantes, bomberos nicaragüenses y personas interesadas en conocer de viva voz los sucesos del 11 de septiembre del año pasado, cuando terroristas de Al-Qaeda estrellaron aviones contra edificios importantes de Washington y New York, matando a miles de personas inocentes.
“No tanto para compartir el horror de todo lo que sucedió, que todos conocemos lo que ocurrió, sino que más bien vine para compartir la unidad y el sentimiento de comunidad de las naciones que se vio en esos momentos”, dice Daly, en memoria a la solidaridad sin nombre que se dio en la llamada Zona Cero del Desastre (seis hectáreas que eran la base del Centro Mundial del Comercio), cuando personas de todas las nacionalidades se prestaron a las labores de rescate sin ninguna condición.
“Desde entonces para mí, la Zona Cero se convirtió en un lugar espiritual”, dice Daly, quien a sus 53 años de vida, nunca pensó que pudiera ocurrir una tragedia más grande de la que ocurrió meses antes, cuando en un incendio ocurrido el Día del Padre en Estados Unidos (29 de junio), perdió a tres de sus mejores hombres, incluyendo a uno que tres días después sería pasado a retiro.
Otro de los muertos era Steve Berelson, su mejor amigo, quien lo convenció a meterse a apagar fuegos y rescatar vidas. Compañero de juventud, habían compartido experiencias de salva vidas, confidencias personales, experiencias y muchas cosas de amigos de vieja data.
DOLOROSO ADIÓS MASIVO
Creyó Daly, entonces, que era el golpe más duro que había recibido en sus 25 años de vida de bomberos. Estaba equivocado.
El 11 de septiembre de 2001, en el Centro Mundial del Comercio, un total de 343 colegas suyos murieron mientras intentaban rescatar a la gente aprisionada en las pilas de escombros que quedaron luego de la destrucción de las dos Torres Gemelas. Al menos 50 de ellos le eran conocidos.
Cuenta Daly que el día de los sucesos, era tanto el shock provocado por la tragedia, que todos los conocimientos técnicos y teóricos sobre las labores de rescate, se fueron por el borde de la desesperación.
“La teoría no tuvo nada que ver con la realidad. Nunca nos imaginamos un desastre de esa magnitud, perdimos a muchos de los jefes de mando, entonces debido a eso se produjo mucho caos”, cuenta Daly.
Fue tanto el desorden, que hace tres semanas un informe sobre la labor de los bomberos durante ese día fatídico, señala una serie de errores que se cometieron en esa ocasión, y que ha incidido para que las estructuras de bomberos de Estados Unidos establezcan cambios importantes.
“Hay un Informe MacKenzie de hace dos o tres semanas, y ese informe describe que el papel de los departamentos de bomberos de Manhattan fue criticable y loable a la vez”, lo que incidirá en cambios futuros, según el criterio de Daly.
AQUELLA MANO...
“Fue como aterrizar en otro planeta, fue un choque tremendo, un impacto espantoso. Ese día había sido un día muy brillante, pero cuando llegabas a la Zona Cero era totalmente oscuro, no se podía ver nada. Todo estaba cubierto por ese polvo espeso y oscuro, y después desafortunadamente descubrimos que ese humo estaba compuesto por todo lo que había en el edificio, muebles, teléfonos y personas”, recuerda Daly.
En medio del caos, en las pilas donde murieron unas 2,800 personas, los bomberos se las ingeniaron para evacuar a unas 25 mil personas de edificios próximos a la zona de destrucción. No sabían en esos momentos, que construían el rescate bomberil más dramático y más grande de la historia de Estados Unidos. Siete edificios se derrumbaron ahí, junto a las torres y ellos habían sacado a la gente antes que muriera.
Uno de los trabajos que tuvieron que hacer los bomberos durante los rescates estaba lleno de una alta y traumatizante carga emocional: recoger y guardar en recipientes plásticos los restos humanos esparcidos entre los escombros.
A Daly muchos de esos restos no le parecían para nada restos humanos. Hasta que vio una mano salida de entre los escombros de las pilas. Era la mano de una mujer. Estaba bastante intacta, y tenía un anillo de matrimonio en uno de sus dedos.
“Al ver ese anillo, me puse a pensar que esa mujer había tenido un esposo, niños, que había celebrado una boda donde hubo amor y risas, y que realmente había sido una vida la que yacía ahí”. Eso lo hizo pensar con más realismo en la magnitud de la tragedia que implicaba recoger los restos humanos.
Para el veterano bombero, ver la mano de aquella desafortunada mujer simbolizó el horror de los sucesos del 11 de septiembre, cuando murieron más de 3,000 personas.
¿Qué sentía en esos momentos? “Furia y odio”. Tanto odio, que en un momento consideró abandonar el cuerpo de bomberos y enrolarse en el Ejército para vengarse. Después se dio cuenta de que no era esa la forma para cambiar las cosas. Entonces empezó a hablar con los niños y las personas de las comunidades. A hacer conciencia del valor de la paz y del respeto a la vida.
TERRORISMO SIN FRONTERAS
Daly, el veterano de 24 años de servicios en el Departamento de Bomberos de la ciudad de Nueva York, ahora se apresta a jubilarse. Recientemente se enteró que fue ascendido a jefe de bomberos. Se dio cuenta de ello mientras se encontraba en Brasil, adonde llegó a contar su experiencia, como parte de una pequeña gira organizada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, a través de la cual Daly espera haber llevado el mensaje de que el terrorismo no conoce fronteras, que puede ocurrir en cualquier lugar si los gobiernos y los ciudadanos comunes no están alertas.
El viaje de Daly empezó luego de una ceremonia, el pasado 9 de septiembre, en el Capitolio de Washington, donde el entonces capitán Daly ofreció su testimonio personal de lo acaecido en septiembre de 2001.
Durante su estadía en Nicaragua, Daly asistió a una ceremonia con el Cuerpo de Bomberos de Managua, donde fue condecorado por la jefatura del Cuerpo de Bomberos. Participó también en una mesa redonda en Casa Grande, visitó la ciudad de Granada, donde se reunió con autoridades de la ciudad y dio una charla ante estudiantes, catedráticos e invitados de la Universidad Americana.
El Departamento de Estado le pidió que hiciera las presentaciones acerca del 11 de septiembre después de enterarse de su trabajo como talentoso orador público voluntario en nombre del Departamento de Bomberos de la ciudad de Nueva York.
Daly, un año después del ataque terrorista, expresa que lo conmueve presentarse como bombero en nombre del Gobierno de Estados Unidos, debido a la gran pérdida que sintió por causa de los muchos bomberos que murieron al tratar de salvar vidas en la Zona Cero, en el mismo lugar donde encontró aquella mano femenina que le cambió la vida. 
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