Debacle electoral de ex comunistas alemanes
 |
|
 | Ya no podrán ser fracción parlamentaria por no obtener el 5 por ciento del voto nacional |
|
Gabriele Zimmer, presidenta del PDS, luce abatida al conocer los resultados desfavorables para su partido. |
| |
Gemma Casadevall (EFE)
BERLIN.- La victoria roji-verde en las elecciones alemanas del pasado domingo se debió a que los socialdemócratas se ganaron el voto del Este y que el electorado germano-oriental dio finalmente la espalda a los poscomunistas, el partido que se erigió en defensor de sus intereses tras la reunificación.
Las cifras sobre “trasvase” de votos desde el Partido del Socialismo Democrático (PDS) hacia el Partido Socialdemócrata (SPD) hablan por sí solas: unos 300,000 votantes tradicionales de los poscomunistas se decantaron el domingo por el canciller. Esto es, un quinto del electorado del PDS.
El SPD de Schroeder aumentó en el antiguo territorio germano-oriental en casi un cuatro por ciento para colocarse en 39 puntos, mientras que el PDS se quedó en el 16.8 por ciento, frente al 21.6 por ciento que tuvo en 1998.
El mapa político de Alemania tras las elecciones ilustra, asimismo, a “qué” votantes debe Schroeder la victoria: el SPD se impuso en prácticamente todo el Este, mientras que los conservadores arrasaron en el Sur.
Para algunos analistas, la explicación del ascenso del SPD está en la crecida del Elba, que se cebó en vastas regiones del este.
El votante agradeció la ágil intervención del canciller, no sólo con solidarias inspecciones sobre el terreno, sino sobre todo con multimillonarias inyecciones financieras para paliar la catástrofe.
La ola de solidaridad con que respondió el país entero transmitió al ciudadano del este, además, la sensación de que no estaba solo y podía contar con su vecino del oeste.
La subida del SPD ha perjudicado al PDS, que quedó un punto por debajo del listón del 5 por ciento y cuya presencia parlamentaria quedará reducida a dos escaños —en lugar de los 35 que tenía ahora—por sendas victorias de distrito en el este de Berlín.
¿SE ACABO LA NOSTALGIA POR LA RDA?
El paso a la retaguardia política de Gregor Gysi, principal figura del poscomunismo, se considera el desencadenante de la caída de la formación. Pero no es esa la única razón de su hundimiento.
El propio Gysi puso el dedo en la llaga al argumentar que, posiblemente, la verdadera razón de la caída de votos es que el PDS ha dejado de representar a la “mentalidad” del Este.
Los poscomunistas se alimentaron durante años del voto de protesta de los germano-orientales que se sintieron tratados como ciudadanos de segunda en la Alemania reunificada.
Pero los tiempos han cambiado y el Este, también. La frustración por el inclemente aumento del paro —que en esas regiones dobla el 9.6 por ciento de media nacional— permanece, pero la respuesta del elector no debe ser obligatoriamente el voto nostálgico o la defensa numantina de la supuesta identidad perdida.
Poco a poco, ganaron terreno no sólo el SPD de Schroeder sino formaciones que ponen el acento en la palabra “prosperidad” —como el Partido Liberal, hasta hace poco un cuerpo extraño en el este, pero que ahora se alzó con el 6.2 por ciento.
Gysi responsabiliza a la cúpula del partido del batacazo electoral.
El PDS no ha sabido dotarse de un programa “moderno y socialista”, que capte el voto de las nuevas generaciones que quieren una izquierda joven que plante cara a la globalización salvaje y al “turbo-capitalismo”.
La actual dirección, encabezada por la presidenta Gabi Zimmer, tomó hace dos años el relevo al dúo formado por el carismático Gysi y el conciliador jefe del PDS, Lothar Bisky, tras una década de lucha por la supervivencia del partido.
Gysi puso de nuevo toda la carne en el asador en la campaña electoral, quizás para hacerse perdonar los daños causados con su dimisión, en agosto, como responsable de Economía del Ayuntamiento de Berlín por haber usado millas aéreas acumuladas como diputado para viajes privados.
Pese a su activa participación en la campaña, Gysi escuchó abucheos en la fiesta postelectoral del PDS. Algunos consideran que la retirada de Gysi por ese escándalo menor fue un pretexto y que en realidad prefería consagrarse a la profesión de abogado, desde su bufete en el oeste de Berlín.
¿PRINCIPIO DEL FIN?
Comentaristas y expertos políticos de todas las tendencias confirmaron esta situación, que indica que el electorado alemán es volátil y la cultura política del país todavía está construyéndose.
“El PDS ya no puede justificar sus pretensiones de representar los intereses de los alemanes del este frente al oeste”, considera el investigador de Ciencias Políticas de la Universidad Libre de Berlín Oskar Niedermayer, mientras que el politólogo Christian Fenner pronostica sin reservas “el principio del fin” para este partido.
“Los electores del Este cada vez están más en el interior del sistema, como muestra del voto útil en favor de Gerhard Schroeder. Podrían haber votado al PDS y bloquear la formación de una mayoría en el Bundestag pero prefirieron emitir un voto útil a pesar de no estar del todo convencidos con Schroeder”, según Etienne Francois, profesor de Historia moderna de la Universidad Técnica de Berlín. 
|