Opinión económica
Más ingresos tributarios, ¿para qué?
Néstor Avendaño*
En una economía en recesión como la nuestra no es aconsejable elevar la carga tributaria, o sea la relación Impuestos/PIB, pero desafortunadamente es una condicionalidad impuesta por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2002 y 2003.
Para obtener préstamos de US$55 millones en divisas líquidas para apoyo de balanza de pagos provenientes del Banco Interamericano de Desarrollo, Banco Mundial y Taiwan en el 2003, el Gobierno central pretende elevar su carga tributaria de 22.5 por ciento en 2002 a 25.0 por ciento en el 2003, lo cual equivale a incrementar los ingresos tributarios en US$65 millones el próximo año. En otras palabras, el sector privado, empresarios y consumidores, verían disminuido su ingreso personal disponible en ese monto.
Antes de que la Asamblea Nacional de Nicaragua se pronuncie sobre la segunda fase de reformas tributarias que le presentará el Ejecutivo en octubre de este año, creo que es necesario que nuestros legisladores soliciten a la Presidencia de la República la información sobre cómo gastará el aumento de los ingresos tributarios. El aumento de impuestos debe estar asociado con un gasto específico y no debemos olvidar que el gasto que demanda la lucha contra la pobreza, núcleo del actual presupuesto nacional, está garantizado con el alivio interino esperado de la Iniciativa para Países Pobres Muy Endeudados (PPME), igual a US$205 millones promedio anual en el próximo trienio.
Antes de pedir la autorización legislativa para cobrar más impuestos, el Poder Ejecutivo tiene la obligación de demostrarnos en qué se va a gastar el aumento de los ingresos tributarios, tiene que especificar quiénes serán los beneficiarios que captarán el aumento de los ingresos tributarios. Más aún, antes de pedir una mayor carga tributaria, el Ministerio de Hacienda y Crédito Público debe demostrar que cobra en correcta forma los tributos ya establecidos en las leyes del país. Cabe recordar que en la búsqueda de una mejor eficiencia en la administración tributaria, Nicaragua ya se ha endeudado demasiado con las instituciones financieras internacionales desde inicios de la década de los noventa.
La mal denominada reforma tributaria, inadecuada por la prisa gubernamental de recaudar más impuestos en vez de que efectivamente sea una buena reforma tributaria que sirva como un instrumento gubernamental para facilitar el desarrollo de la empresa privada en el marco de las negociaciones de tratados de libre comercio y de cara a la globalización, se basa en una meta un poco realista en cuanto al crecimiento económico del país en 2003, que el Gobierno la ha fijado en 3.5 por ciento. Parece que al FMI no le interesa el crecimiento económico y sólo le interesa reducir, a toda costa, el actual déficit fiscal de casi 13 por ciento del PIB sin ‘preocuparse’ por el grave desequilibrio económico con el sector externo que se aproxima al 30 por ciento del PIB.
Mi pronóstico óptimo acerca del crecimiento de la producción es 1 por ciento en el 2003. Nuestro país está en recesión económica desde marzo de este año y su actual entorno político le inhibe al Gobierno coordinar medidas económicas de corto plazo para elevar rápidamente el ingreso per cápita de los nicaragüenses, cuya población crece a un ritmo de 2.6 por ciento promedio anual.
Por esto reitero que el Gobierno no podrá recaudar su meta de ingresos tributarios, porque elevar la carga tributaria en un ambiente de recesión económica significa que la empresa privada no podrá tomar aliento para acrecentar la producción y destinar más recursos a la inversión y, por otro lado, con un creciente desempleo y baja inflación, los trabajadores no tendrán suficientes ingresos para aumentar su consumo y mejorar su bienestar.
Las lecciones hasta hoy aprendidas por las autoridades gubernamentales en la gestión fiscal de este año deben ayudarlos a no ‘improvisar’ ideas económicas que no guardan ninguna relación con los niveles de pobreza humana en nuestro país. Como dice el G7 —Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania, Francia, Italia y Gran Bretaña—, hay que escuchar a los pobres para que los políticos y los dirigentes gubernamentales de los países pobres muy endeudados, como Nicaragua, formulen políticas económicas a favor de los pobres y, así, las naciones pobres, la gente pobre, se sientan dueñas de sus propios programas económicos y sociales.
Los programas económicos nacionales no están en el exterior, no deben importarse escritos en inglés ni escribirse en otro idioma distinto al español en nuestro país. Las cartas de intenciones que Nicaragua ha acordado con el FMI en el pasado se han traducido al español, y en mal español. Sólo nosotros, los nicaragüenses conocemos verdaderamente nuestro potencial y nuestras limitaciones productivas, nuestra idiosincrasia y costumbres, nuestras riquezas y pobrezas, nuestra ética y nuestra vergüenza. Y es una vergüenza nacional que la llamada estrategia de reducción de la pobreza nacional hubiese sido escrita primero en inglés y luego traducida al español.
Desdichadamente, también no existe en nuestro país una estrategia económica formulada y coordinada por las autoridades gubernamentales. Sólo existen dictados fiscales y monetarios provenientes del exterior; órdenes de privatización del acervo público; y asignaciones oficiales, además de sueldos, de estipendios entre altos funcionarios públicos que atentan contra la dignidad de casi la mitad de 5.3 millones de nicaragüenses que viven con un dólar o menos diario. Pero también es notable la noble tarea de erradicar y no tolerar la corrupción en el sector público, que tiende a fortalecer la gobernabilidad y sentar las bases del crecimiento y progreso económico de nuestro país.
Creo que, antes de pedir más impuestos, es necesario revisar y disminuir el gasto que no apoya la lucha contra la pobreza y el mejoramiento de los servicios sociales en educación y salud. Creo que el problema del déficit fiscal no es un problema de recaudar más impuestos. Creo que la Asamblea Nacional puede solicitar al Poder Ejecutivo un presupuesto sin déficit después de que se registren las donaciones de los países que nos ayudan. Así, podremos observar que el problema del déficit fiscal es el pago de la deuda interna, en este momento asociada con las pérdidas del Banco Central de Nicaragua que nos heredara su administración en el gobierno anterior.
* El autor es economista. 
|