Entrevista
Fernando Contreras: “Faltan medidas estructurales para aliviar crisis cafetalera”
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 | Hay una preocupación mundial genuina sobre la caída de los precios del café oro en el mercado internacional. Aunque según los miembros de Oxfam, el problema es fácilmente superable si los torrefactores decidieran comprar un producto de superior calidad, lo cual obligaría a desechar una buena cantidad de granos inferiores, y de esa manera presionar en poco tiempo hacia el incremento del valor de cada saco producido |
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Fernando Contreras, miembro de Oxfam Internacional.
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María Antonia López Manzanares maria.lopez@laprensa.com.ni
Su estadía en Nicaragua, fue fugaz, llegó desde España donde reside encomendado en la promoción de la Campaña de Comercio con Justicia para el Café, lanzada la semana pasada en 24 países simultáneamente.
Fernando Contreras, licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, expresó su satisfacción sobre el resultado inicial de la campaña, aunque sabe que los efectos no se sentirán en el corto plazo, y que la preocupación de su organismo no puede ser deslegitimada sobre todo en países como Nicaragua donde el rubro representa un buen porcentaje de las exportaciones totales.
¿Cuál es el impacto internacional que puede alcanzar Oxfam, con el lanzamiento de estas campañas de Comercio con Justicia y especialmente la del café?
Creemos que es un momento crítico donde los esfuerzos pueden tener una recompensa significativa porque hay un principio de acuerdo entre productores para tener una regulación de los stocks y los precios. Lo que se necesita es el apoyo internacional desde los gobiernos del norte, desde los consumidores, las tostadoras y las multilaterales. Lo bueno es que hay un movimiento de comercio justo que lleva sensibilizando a los consumidores en el norte desde hace 30 años y que tienen un nivel de respuesta de parte de las tostadoras y de los organismos multilaterales.
La crisis está llegando a una situación insostenible e incluso para las tostadoras. Uno de los objetivos de la campaña van a ser los inversionistas de las tostadoras porque no creemos que puedan continuar por mucho tiempo. Ellos lo que intentan es tener una actividad regular en el tiempo y explicarles la situación. Si el mercado de la materia prima sigue siendo insostenible, creemos que no les interesa a ellos mismos.
¿Además de Oxfam hay otras organizaciones que respaldan la iniciativa?
Nosotros trabajamos mucho con alianzas, con los gremios porque en realidad son ellos los protagonistas de la campaña. En el norte existe una red de organizaciones de comercio justo, que llevan años trabajando en ello y el movimiento de mercancías.
Aunque no es lo mismo comercio justo, que comercio con justicia. El comercio justo es un movimiento que lleva muchos años y que tiene unas características y condiciones específicas. El comercio con justicia intenta de hablar de eso, sino también de temas más genéricos.
¿Hay respaldo de los gobiernos para la campaña de Oxfam?
Sí, en Nicaragua, el ministro de Agricultura respaldó la campaña internacional. Pero sobre todo hay un respaldo del director ejecutivo de la organización internacional del café, porque es una campaña que puede ayudar a resolver para que la crisis del café cambie sus perspectivas. Luego, habrá que hacer un trabajo con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
¿Se habla de crisis tan severas como el hambre, que afecta a los trabajadores, puede llegar hasta el nivel de los productores?
Según el programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, hay 30 mil hondureños que están en situación de hambruna severa debido a la crisis del café, y en algunas zonas de Etiopía, cuyos campos durante muchos años se han incentivado para que fueran sólo de café y se han eliminado algunos cultivos de subsistencia para generar más divisas al país, con la crisis no tienen qué comer.
¿Por qué será que el fenómeno de protesta contra el hambre se está manifestando sólo en Nicaragua?
Lo que pasa es que no todos los países son igual de vulnerables a la crisis del café, tener el 25 por ciento de las exportaciones del café es una cantidad importante y entre más alta es peor la crisis. Nicaragua es de los países de Centroamérica que tienen la participación más alta. Con lo cual afecta mucho más y la población está mucho más sensible.
Han hecho ustedes una valoración de los programas de respuesta inmediata contra el hambre que está haciendo el gobierno en alimento por trabajo, ¿creen ustedes que eso realmente puede resolver la situación?
Pueden aliviar la situación inicial, pero hacen falta más medidas estructurales que afecten más las reglas del comercio internacional. Entendemos que los gobiernos de Centroamérica necesitan de la ayuda de organismos internacionales, si no es muy difícil. Hasta el año 89 estaba el acuerdo internacional del café que fracasó por disensiones entre los propios gobiernos, y es algo que tienen que trabajar los países del sur, unirse y trabajar en pro de los pequeños caficultores.
Esas decisiones son a mediano o largo plazo, ¿qué se podría hacer de manera inmediata?
Oxfam Internacional propone a corto plazo destruir cinco millones de sacos de los excedentes que hay en el mercado, simplemente con esta medida esto costaría unos 100 millones de dólares, pero el precio en el mercado subiría un 20 por ciento, eso significa millones de dólares extras.
Es una medida clara que necesita financiación y la voluntad de los tostadores para que paguen precios dignos. Que al menos paguen 126 dólares por quintal de manera inmediata.
En el caso de las destrucción del café tiene que haber un financiamiento, ¿de dónde saldría?
Sobre todo de los grandes organismos, eso es lo que les pedimos, en un estado de reclamaciones, y lo que pedimos es apoyo político para llegar al acuerdo internacional del café y apoyo financiero no sólo para la destrucción de los sacos de café, sino para políticas de diversificación. Pero el porcentaje de ayuda para la cooperación internacional destinada al sector agropecuario ha descendido mucho en los últimos años.
Las tostadoras también tienen que darse cuenta, porque la destrucción de cinco millones de sacos de café de peor calidad les beneficia a ellos.
Si hicieran un reparto de cuotas entre todas las tostadoras, incrementaría la calidad del café y de los consumidores.
Pero igual no es una medida inmediata porque habría que tomar grandes decisiones...
Hay que desarrollar programas de ayuda para aliviar situaciones de emergencia y hay que aliviar la situación de hambre de esas personas. Pero no podemos estar siempre dotando de ayuda, sino que se deben cambiar las reglas injustas del comercio internacional, hay que llevar la campaña en otro sentido. Como la que se lleva en Nicaragua, de capacitación y diversificación de los cultivos con los pequeños productores, de mejoras de las condiciones de los obreros agrícolas.
Oxfam Internacional debe ir de la mano con otras organizaciones de ayuda.
¿A su juicio, quién debería regular los precios en el mercado?
Es un acuerdo en el que estén los países productores, la intervención de los pequeños productores, Naciones Unidas, y la organización internacional del café. Pero hace falta voluntad política, financiera y es lo que vamos a proponer para febrero o marzo del 2003. Existe una voluntad por parte de Kofi Annan de las Naciones Unidas, quien dice que la crisis del café está llegando a su límite y que hay que hacer cosas.
Pero existen ciertos movimientos y hay que hacer algo y es poner el tema del café en las agendas de mucha gente que son los que tienen el poder de tomar las decisiones.
Sería como revivir el acuerdo que existía antes...
Sí, pero mejor planteado. Pero el acuerdo de 1989 logró mantener los precios de manera positiva con algunas pequeñas caídas; por lo tanto, gustaría a los productores volver a esa situación.
¿Y las cuotas quién las tendría que regular, la Organización Mundial del Comercio (OMC)?
El café no es un producto que esté regulado por la OMC, de hecho el acuerdo del café no ha dejado de existir en la Organización Internacional, pero no tiene capacidad de imponer cuotas, ni de imponer precios a los países porque no existe esa voluntad directa de todos los países.
También hay una iniciativa que ha sacado la Organización Internacional de Café que son los estándares de calidad, y si conseguimos aplicarlos la calidad mínima con la que se puede exportar, se puede eliminar unos 10 a 15 millones de sacos del mercado. Hay iniciativas en marcha y quien puede generar esa voluntad son los consumidores en los países del norte que apoyan en un millón de personas las campañas de Oxfam Internacional.
¿Qué parámetros deberían implementarse para el establecimiento de las cuotas?
Por calidad y producción del país así como por participación en el mercado. Luego por calidad en las distintas variedades, pero eso la Organización Internacional de Café ya tiene bastante estudiado esas situaciones, pero lo importante es que se pongan de acuerdo ellos y se sienten en la mesa a debatir porque la situación es urgente.
También se habla de aumentar la demanda...
Sobre todo en los países locales, por ejemplo en México, el simple hecho de que aumentara la demanda ligeramente a nivel interno, se puede superar un poco la crisis del café. En Nicaragua seguramente es menos el poder porque las exportaciones son una parte importante de la economía nacional, pero sobre todo aumentar la demanda de café de comercio justo sería mejor con criterios de responsabilidad social.
Con el café de comercio justo no habría problemas pero con el café de especialidades sí pueden presentarse, porque existe el peligro de saturar el mercado, no es un mercado bien definido.
Nosotros preferimos hablar de la oferta de café de los pequeños productores que hablar de la demanda de café, porque es otra dinámica aunque sea importante. Es difícil que organismos de cooperación internacional puedan apoyar eso. Creemos que los gobiernos a nivel local lo deben hacer.
Cuál sería el peligro de saturar el mercado de cafés especiales, o al menos hay conciencia de ello, porque en Nicaragua se está promoviendo tal situación...
En realidad se están pagando precios altos y existe la demanda pero no existe oferta suficiente, pero si la hubiera todos los productores se pondrían a hacer eso y regresamos a lo que estábamos antes, aunque ésta puede ser una solución de corto plazo. Aunque también hay que hacer una labor de concienciación a los consumidores del norte de qué tipo de café están tomando.
Pensamos que dirigirse sólo a ese mercado es peligroso, cubrirlo está bien, pero no es la solución al problema.
En cuanto al consumo existe la tendencia sobre los daños para la salud, ¿cómo se puede aumentar, si hay campañas en contra?
También lo son algunas bebidas refrescantes, y éstas han aumentado el consumo, el café se ha mantenido, es una cuestión de modas, de trabajo de mercadeo, y lo que se tiene que hacer es aprovechar mejor los mercados de café y el poder que tienen las tostadoras para colocar un café de buena calidad. Los precios de la taza no han bajado y el consumo ha subido. No hay una demanda indefinida, pero sí se debe fomentar el café de calidad.
Además: Otras de Oxfam 
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