La sexualidad en los discapacitados psíquicos
Margarita Murillo Gamboa* revista@laprensa.com.ni
Quisiera profundizar con ustedes un tabú muy profundo que vivimos muy disimuladamente con ciertos grupos de personas, y me refiero a las discapacidades mentales tales como el retardo mental y las enfermedades mentales como las psicosis u otras.
Resalto los aportes que hace el sexólogo Juan Ferrer Riera, del Instituto de Sexología de Madrid, en donde compartimos con él la premisa de conceptuar a la sexualidad no como equivale a genitalidad o reproducción, es donde hemos dicho que la sexualidad es básicamente comunicación, y aquí compartimos con el investigador y aceptamos que como personas sexuadas que somos, nos vamos sexuando mediante un proceso de sexuación, que inicia intrauterinamente pasando por las edades sexuales y manifestaciones físicas tales como la oral, la anal y la genital y nos acompaña el resto de nuestra vida. La sexualidad viene a ser una comunicación verbal y corporal, desde nuestra individualidad, así como desde el mundo de pareja heterosexual u homosexual, e incluso la sociedad en general. Si aceptamos esto entonces no hay nada que de manera cualitativa difiera de la sexualidad del discapacitado(a) psíquico de la de nosotros, pero sí se suscitan dos características de estas personas a las que suelen estar sometidos, hace mención este autor a la soledad y el proteccionismo excesivo, ya sea por la familia o el ámbito educativo.
Esto unido a las actitudes que se tienen hacia la sexualidad y aún más hacia la sexualidad de los discapacitados hace que se ven en verdaderos aprietos para poder vivir y expresar su sexualidad sin mitos ni culpas y ni que decir del discapacitado mental que está joven, se pasa por la indiferencia, el paternalismo o sublimación lo que viene a marginar a alguien que de por sí lo está.
Juan Ferrer, refiere que el discapacitado psíquico tiene unas peculiaridades en su desarrollo sexual, por lo general presenta dificultad entre el principio de la realidad y el principio del placer, lo que les va a dificultar la realidad de la fantasía o en ocasiones no tener el sentido del pudor tan desarrollado, lo que los puede conducir a mostrar su cuerpo sin recato, ni observando ciertas normas sociales.
Pero lo que sí sabe es que las edades sexuales de los discapacitados no son diferentes a las del resto de las personas, puede que las pase más lentamente quizás por sus características personales como por su dificultad de relación, puede que se retrase para adquirir su identidad de género, o en aceptar o identificar su imagen corporal, o en conocer las diferencias entre los hombres y las mujeres.
Otro es la falta de un entorno normal en el cual pueda aprender de la sexualidad en una forma “normal”, pues las condiciones de aprendizaje y experimentación serán por lo general diferentes o limitadas, lo cual no favorece la posibilidad de que exista la intimidad adecuada.
Muchas personas con discapacidad malinterpretan las relaciones entre iguales, no lograr realizar una discriminación correcta entre las conductas sexuales y no sexuales, privadas y públicas, apropiadas e inapropiadas, lo cual los convierte en objetos de continua supervisión y control por parte de la familia y los educadores para evitar que sus conductas sean objeto de “escándalo” o de “peligro”.
* mmurillogamboa@yahoo.com 
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