Principal reto a los políticos
Joaquín Cuadra Lacayo*
La conformación de una nueva mayoría en el seno de la Asamblea Nacional y la elección de la Junta Directiva presidida por el ingeniero Jaime Cuadra el día diecinueve de septiembre, constituye un parte aguas definitorio en la coyuntura política nacional y un hito en la construcción de la democracia y el Estado de Derecho.
Debe reconocerse el patriotismo con que han actuado en esta coyuntura las fuerzas políticas que ahora conforman la mayoría en el Poder Legislativo. Es de esperar y así lo demanda la ciudadanía, que continúen actuando de esa manera: con espíritu constructivo, voluntad democrática y apego a las leyes.
El modelo del Estado nicaragüense otorga a la Asamblea Nacional la facultad de definir la composición de los órganos superiores de otros Poderes del Estado como son el Consejo Supremo Electoral, la Corte Suprema de Justicia y de instituciones tan importantes como la Contraloría General de la República. De allí que el paso dado en el seno de la Asamblea Nacional, debe ser clave no sólo para restaurar la legalidad en el propio Parlamento, sino también para superar la crisis y el estancamiento que viven las principales instituciones del Estado, como consecuencia de la partidización impuesta por el pacto político del año 2000.
Regularizar el funcionamiento de los mismos, ajustándolos a derecho y dotarles de una composición independiente acorde con la importante función que deben desempeñar, es un imperativo para reconstruir la institucionalidad tan golpeada por los acuerdos políticos del pasado y en particular por la conducta autoritaria del ex presidente Arnoldo Alemán.
Como no ocurría desde 1979, en los últimos meses los nicaragüenses alcanzamos un ejemplar consenso sobre la lucha contra la corrupción. Esta experiencia y los complejos acontecimientos ocurridos en los últimos veintitrés años, han arrojado varias enseñanzas. En primer lugar los políticos debemos aceptar y comprender —indistintamente del signo ideológico— que la ciudadanía no está dispuesta a admitir ni corrupción, ni autoritarismo, ni caudillismo. Hoy la transparencia y la eficiencia en el manejo de los recursos públicos, la práctica democrática y participación ciudadana en la solución de los grandes temas nacionales, son las principales banderas y condiciones ineludibles para superar la pobreza y el atraso.
En segundo lugar, el consenso alcanzado para enfrentar y castigar la corrupción, debería ser la base para buscar soluciones estables y a largo plazo a los graves problemas económicos y sociales que agobian al país.
Los partidos parlamentarios en primer lugar, el Gobierno de la República, los movimientos políticos y en general las organizaciones gremiales y sociales, tienen ante sí el enorme desafío de construir un nuevo consenso a favor de la institucionalidad, la transparencia y la democracia. En caso contrario de poco o nada habrá servido la gran victoria obtenida el diecinueve de septiembre recién pasado.
* El autor es presidente de Unidad Nacional. uninac@ibw.com.ni 
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