¿Ganancia de pescadores en la Nueva Era?
Ariel Montoya*
Siempre que en el país se presentan crisis políticas e institucionales, así como cuando existe fraccionamiento en los sectores políticos y sectoriales no pertenecientes al Frente Sandinista, resulta común decir que las mismas, abren las puertas para un retorno de este partido al poder. Sin embargo esto no ha ocurrido hasta la fecha, independientemente de los desaciertos cometidos en los dos períodos anteriores, y más aún, de las estrategias electorales que hicieron posible a las fuerzas democráticas tanto de la antigua UNO como del liberalismo y aliadas, ganarle la partida desde 1990.
En la actualidad, este matiz político ha vuelto a sonar, como consecuencia del ataque a la corrupción dirigida por el Gobierno de la Nueva Era que impulsa el mandatario Enrique Bolaños, contando con el respaldo unánime de amplios sectores ciudadanos, así como de la simpatía de la comunidad internacional, tras liderar un proceso de moralización en la gestión pública en contra de la corrupción estatal, escandalosamente protagonizada por sectores ligados a la cúpula liberal del gobierno anterior.
Ahora bien, lo que sí resulta cierto es que en este contexto, el Frente Sandinista ha venido almacenando una recalentada “paciencia estratégica”, como acertadamente la definió uno de estos días el diputado Bayardo Arce, sin lugar a dudas una de las figuras con mayor habilidad política de ese partido. Ésta —según él—, es producto de un patrimonio político acumulado a lo largo de todos estos años, tras el desgaste de la derecha gobernante, pero también, alimentado con la experiencia política y parlamentaria con la cual, ellos aspirarían, ¡ahora sí, a hacer las cosas por el bien del país!
Este parámetro sandinista en la situación actual, y de cara a la gestión gubernamental, está incrementando el estigma de un aparente beneficio tanto para el FSLN como para otras figuras provenientes de ese mismo partido, de que en “en río revuelto, ganancia de pescadores”, de ser cierta la especulación de estarle poniendo en bandeja de plata el retorno al poder, con algunas estrategias parlamentarias ligadas al Ejecutivo, típicamente circunstanciales.
Tanto el Frente Sandinista como cualquier otro partido, o cualquier ciudadano tienen todo el derecho a volver a ser gobierno, siempre y cuando el pueblo considere oportuno dispensarles a aquellos la mala administración y el deterioro socioeconómico y exiliar en que cayó el país durante gobernaron. Pero ese criterio popular que les permitiría volver al gobierno tras más de quince años de soledad administrativa, si es que volvieran, evidentemente deberá estar sustentado no sólo en una decisión ciudadana apegada al patriotismo cívico de la gimnasia electoral, sino que deberá contar además, con toda una reingeniería utopista y competitiva capaz de generar una nueva confianza política.
Asimismo, tiene todo el derecho del mundo, de volver al gobierno el liberalismo renovado como garante principal de la continuidad democrática, así como cualquier otra fuerza de clara trayectoria democrática, si es que surge una nueva organización carismática capaz de superar el poderío electoral que continuarán manteniendo los liberales para los próximos comicios, luego de restituido el actual trauma institucional vivido por dicha organización.
Una de las causas por las que el sandinismo cree que volverá al Poder, es porque, considera que como ninguna otra fuerza política, inculcó en las clases populares el sentido de la protesta. Sin embargo, ese espíritu de reivindicación aliado a la aparente mejoría social, ha sido eclipsado por la violencia callejera, habiendo sido más determinante en este aspecto algunas pistas modernizantes del conservatismo del Siglo XIX, el entramado obrero del somocismo, la ascensión de la clase media con el desarrollo agroindustrial de mediados de siglo XX o en todo caso, el empuje de la maquillada y esforzada economía de mercado reiniciada desde 1990.
Es evidente que el sandinismo tiene “paciencia estratégica”, la supo tener desde veinte años atrás embuzonado en la montaña y en la clandestinidad, esperando con habilidad el debilitamiento de Somoza y su sistema para hacerse del poder. En las actuales circunstancias, en las que se está generando una competencia por el liderazgo nacional desde una perspectiva inédita, puesto que se están sentando las bases para un rompimiento del excluyentismo cavernario, así como un precedente para frenar la amañada concepción del Estado botín, la institucionalidad democrática tradicional mantiene vigente su aspiración humana de una vida más digna para todos los nicaragüenses.
* El autor es escritor y periodista. AMontoya@presidencia.gob.ni 
|