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MARTES 24 DE SEPTIEMBRE DEL 2002 / EDICION No. 22861 / ACTUALIZADA 1:30 am
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¿Paraguas para el diluvio?

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Franklin Bordas Lowery*

Pero sí sirven los árboles. La primera tarea de Noé al salir del arca seguramente fue plantar árboles. Había que comer, preservar la tierra, construir, por lo tanto era necesario plantar. ¿Es negocio plantar árboles maderables? ¿Resulta mejor plantar papas o caoba? ¿Cebollas o cedros? ¿Zanahorias o teca? La siembra de frijoles cada año, arroz o vegetales o cualquier otro cultivo de rápida rotación con las primeras lluvias —o en el mejor de los casos utilizando riego— ha sido siempre una decisión sabia, aunque vieja. El menú de siembra, también ha sido limitado, aún en estos rubros. La mente de nuestros productores hoy día funciona a la par de la banca, que parecen basar la recuperación del financiamiento en microplazos.

Diríamos que esto es normal en un país donde se ha popularizado la actividad comercializadora, y la estrategia se centra en la rotación rápida de nuestros productos, midiendo el éxito por la celeridad con que los negocios recuperan las inversiones. Las políticas de crédito de la banca nicaragüense apuntan también hacia los negocios “rápidos”. El riesgo, como parte de la inversión desde un enfoque banquero, ha estado desapareciendo.

Aunque no está a la par de las joyas, el negocio de plantar árboles maderables está contando cada vez con mayor número de cultivadores, y se avizora como uno de los mejores negocios del mundo... claro, en el largo plazo. Cuando se habla de árboles y cosecha de madera, produce escalofríos pensar en el horizonte de recuperación de la inversión —aunque pequeños ingresos empiecen a fluir desde los siete años en adelante con las primeras podas— la espera parece interminable. Los cálculos incluyen ciclos de 10, 15, 20 y más años, para recuperar la inversión. Aunque estos ciclos asusten al inversionista nicaragüense, no ocurre así con los suecos, holandeses, finlandeses o canadienses, que tienen toda una historia en el tema de las inversiones forestales.

Hasta ahora el negocio de árboles básicamente se ha caracterizado por la explotación (“aprovechamiento” en la jerga forestal), de lo que ya está plantado —bosques naturales—, obteniendo primariamente, madera en tablas y productos verdes. Pero, 3.0 millones de metros cúbicos aproximadamente se hacen leña y carbón anualmente en Nicaragua, adicional al aprovechamiento de bosque para madera de construcción y muebles. Con el ritmo de aprovechamiento actual de nuestros bosques —sin reponerlo— a lo sumo sesenta años más y nada nos diferenciaría del desierto del Sahara.

Retornando al punto de partida, sembrar cebollas u otros vegetales no está mal, pero plantar árboles, también es un excelente negocio. Existe consenso entre los estudiosos del mercado de productos forestales acerca de que el futuro balance oferta-demanda en materia de recursos forestales en el planeta será, en el mejor de los casos, ajustado o incluso negativo. De hecho, un reciente estudio canadiense mencionado en el PRAIF-II (Proyecto Regional de Alternativas para la Inversión Forestal–II), estimó que en el mercado internacional de latifoliadas (madera de color o madera dura), el déficit podría situarse en los 142 millones de metros cúbicos en el año 2010 e incrementarse hasta los 200 millones de metros cúbicos en el 2020.

Bajo el enfoque de una substancial demanda de madera para las próximas dos décadas y un mercado asegurado, nuestros países cuentan con escenarios sumamente atractivos en materia de plantaciones forestales, ya que en nuestro clima los árboles crecen 12 meses al año, ello implica, que tenemos ventajas competitivas frente a los países fríos con lentos índices de crecimiento, como Canadá entre otros, que juega un papel importantísimo en el suministro de madera en el mercado mundial.

Los estudios en Nicaragua indican que plantar una hectárea de teca, (1,100 plantas) tiene un costo aproximado a los US$600 dólares, y el costo de mantenimiento anual oscila entre 200 y 250 dólares hasta el año veinte, lo que se acerca a una inversión total de 4,750 dólares. En este año, los ingresos brutos del productor vendiendo madera aserrada y clasificada con estándares internacionales (con el 50 por ciento de rendimiento), a los precios actuales del mercado, serían de aproximadamente 60,000 dólares, es decir, unos US$ 3,000.00 dólares anuales por hectárea, que sólo cultivos muy especiales generan. Entonces, la pregunta es: ¿por qué no plantar árboles maderables? Los forestales aducen que el negocio es tan bueno, que la preocupación por el crecimiento de los árboles sólo dura tres años, y luego sólo quedan las labores de mantenimiento (poda, raleo).

Nicaragua ha iniciado el despegue en materia de plantaciones. La Corporación de Reforestadores avanza con paso firme. La pregunta es: ¿acompañará la banca esta importantísima iniciativa del sector forestal privado? Si el productor rural es estimulado con incentivos, los árboles tendrán valor, y con un enfoque claro de negocio, el bosque podría generar la riqueza que Nicaragua necesita, y constituirse en un verdadero paraguas, pero contra este terrible diluvio de pobreza que nos azota.

* El autor es escritor y consultor de Inversiones Forestales.  
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