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MARTES 24 DE SEPTIEMBRE DEL 2002 / EDICION No. 22861 / ACTUALIZADA 1:30 am
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Editorial
Buscando alternativas de producción

Mientras los políticos se dedican a destruir y reconstruir una y otra vez la institucionalidad del país, se enriquecen a expensas del erario y dañan la economía nacional con disposiciones demagógicas y leyes populistas, algunos productores —que son los que trabajan, producen, crean riqueza y pagan los impuestos que luego dilapidan los políticos— buscan soluciones efectivas a la crisis de los productos tradicionales y tratan de sacar a Nicaragua del estancamiento y la pobreza.

En realidad, es loable el esfuerzo de aquellos productores que se esfuerzan en encontrar alternativas de producción y que arrostran los riesgos de invertir y trabajar en un país como Nicaragua, donde la política y particularmente el partidismo obstaculizan el desarrollo de la libre iniciativa empresarial, en vez de facilitarla. Aunque, por lo general, esos esfuerzos se quedan en el anonimato porque no tienen la espectacularidad de los sucesos criminales y políticos, que compiten por ocupar las primeras planas de los diarios.

Por eso queremos en esta oportunidad resaltar la iniciativa de un grupo de productores del norte del país (el principal afectado por la crisis cafetalera) que dan pasos concretos para encontrar alternativas a la crisis que afecta al hasta hace poco primer rubro de exportación de Nicaragua. Nos referimos a los productores del norte del llamado Movimiento Tierra Adentro, que según información de LA PRENSA publicada ayer celebraron el viernes pasado, en Matagalpa, un seminario de “Alternativas para el cultivo del café”, en el que se propuso y discutió la posibilidad de producir una amplia gama de productos alternativos que van desde la ganadería (de carne y de leche) hasta el cultivo de bambú y frijoles negros para la exportación.

Iniciativas como ésta son muy importantes, y ojalá que sus resultados fuesen tan fecundos como lo esperan sus organizadores y lo necesita el país, porque en la tradición populista de Nicaragua la mayor parte de las personas y gremios afectados por la crisis económica, y cafetalera en particular, se dedican más que todo a quejarse, a maldecir la situación, a amenazar y perjudicar a la ciudadanía con tranques y plantones, a pedirle al gobierno que resuelva los problemas de los productores ineficientes, a culpar al Fondo Monetario Internacional y demás organismos financieros internacionales por cuanta desgracia ocurre en el país, etc. Pero ya es tiempo de que surjan y se debatan ampliamente ideas nuevas y propuestas concretas para diversificar la agricultura en particular y la economía nacional en general, y para producir nuevos rubros de consumo interno y de exportación, como el mencionado seminario que se celebró el viernes pasado en Matagalpa bajo el lema “Alternativas para el cultivo del café”.

Parece mentira, pero en Nicaragua todavía no se ha llegado a comprender adecuadamente que el principio fundamental del crecimiento económico y para encontrar alternativas de producción y nuevas fuentes de trabajo y creación de riqueza, es el de que las personas sólo responde positivamente a los incentivos materiales. Y que para impulsar el desarrollo hay que erradicar los “contra incentivos perversos” como la corrupción, las excesivas cargas impositivas, la inseguridad jurídica y pública, etc. Dicho con otras palabras, que los productores necesitan del Gobierno no que les resuelva los problemas sino que les facilite las condiciones para resolverlos ellos mismos, o al menos que no se los complique; que les garantice la seguridad jurídica y pública, que reduzca las cargas impositivas, que baje los costos por energía y comunicación, y que suprima las trabas burocráticas para trabajar y producir. Todo lo cual es, repetimos, el único medio para crear riqueza, generar empleos e impulsar el crecimiento de la economía, el desarrollo material y el progreso social.

En el seminario de productores agrícolas del norte del país, que se celebró el viernes de la semana pasada en Matagalpa con la participación de profesionales experimentados, se consideraron alternativas productivas específicas y se propuso no la erradicación de la economía cafetalera sino el aprovechamiento de las mismas tierras para producir nuevos rubros como frutas, tubérculos, flores, pescado, miel de abeja, hortalizas, etc.

Parecen cosas elementales, comparadas con las “grandes” preocupaciones y acciones de los políticos. Pero en esas cosas sencillas radica la posibilidad de que Nicaragua tenga futuro.  
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