Hora del liberalismo
Jorge Salaverry*
Cuánta verdad encierra el adagio popular que dice que hasta al mono más listo se le cae el zapote. Si se lo aplicáramos al doctor Arnoldo Alemán —hombre que a través de los años ha demostrado ser muy ducho en asuntos políticos—, podemos decir que lo dejó caer de pura choña.
Es la hora y todavía no comprendo cómo el jueves 12 de septiembre pasado Alemán no conformó, como correspondía, la comisión para investigar su proceso de desaforación, sino que, en un gesto de arrogancia suprema, optó por atropellar la autoridad del plenario parlamentario y darle largas al asunto. Pero su obnubilada insensatez le costó caro. Hoy día ya no es presidente de la Asamblea Nacional.
No obstante, el ex presidente del Parlamento no se ha cruzado de brazos, sino que se ha dedicado a hacerle creer a la ciudadanía —y a los liberales, en particular— que su destitución significa un triunfo para el Frente Sandinista. Pero eso es falso de toda falsedad. El gran ganador en este conflicto puede ser el Partido Liberal Constitucionalista mismo. Todo depende de que los diputados liberales así lo deseen, y de que se decidan a actuar con sensatez e independencia.
Fijémonos bien: ¿cuántos diputados sandinistas había en la Asamblea Nacional antes de la destitución de Alemán y de la junta directiva anterior? Había 38. ¿Cuántos hay ahora? Los mismos 38, ¿no es así? No han crecido en número. Siguen siendo una minoría. Por su parte, los liberales, tanto antes como ahora, siguen siendo mayoría, sólo que están divididos. Éste es el momento de unirse.
El problema legal del doctor Alemán es de él solamente y no del Partido Liberal ni de su bancada. Yo comprendo perfectamente bien que los diputados rojos puedan sentir aprecio y afecto por él. Ése es un asunto personal en el cual no hay que meterse. Pero eso tampoco significa que su suerte tenga que afectar la supervivencia ni el éxito del partido. En 1979, Anastasio Somoza Debayle se cubrió con el manto del Partido Liberal y lo arrastró consigo en su caída. Esta vez no debe suceder lo mismo.
El tiempo político se le terminó al doctor Alemán, pero no así al liberalismo. Las encuestas señalan que más del 90 por ciento de la ciudadanía está de acuerdo en que el ex titular del Parlamento sea desaforado para que enfrente la justicia. El Consejo Superior de la Empresa Privada, así como la Unión Europea, los Estados Unidos, y muchos otros países han reconocido como legítima la nueva junta directiva de la Asamblea. La Organización de Estados Americanos (OEA), a través de su secretario general, doctor César Gaviria, expresó que la Carta Democrática de ese organismo regional “no se puede invocar” —como evidentemente pretendía Alemán— “para impedir la acción de los jueces, o para obstaculizar el trabajo del Ejecutivo”.
No obstante, Alemán insiste en crear confusión. El viernes pasado por la mañana lo escuché decir en una radio local que el presidente Enrique Bolaños se equivoca si cree que el Frente Sandinista va a apoyar sus iniciativas de ley en la Asamblea. Puede que tenga razón, pero lo que no dijo el diputado es que, hasta la fecha, la bancada liberal, bajo su dirección, ha votado consistentemente junto con el sandinismo en contra de las iniciativas de ley del Ejecutivo. Eso también debe terminar.
El país necesita entrar en un período de paz y tranquilidad, y dedicar sus energías a actividades productivas. Para eso se necesita que haya armonía entre el Ejecutivo liberal y la bancada liberal en la Asamblea Nacional. Sin duda alguna, el Frente Sandinista está deseoso de que los liberales en la Asamblea sigan divididos y votando con ellos en contra de la agenda del presidente Bolaños. Pero los liberales todos —los de la bancada Azul y Blanco y los de la bancada liberal— deben recapacitar y unirse en un solo bloque parlamentario.
Faltan 4 años y pico para que termine el mandato del presidente Bolaños. Este gobierno liberal debe tener éxitos, por el bien de Nicaragua, de la democracia, y del partido mismo. Sólo así puede el PLC esperar seguir siendo gobierno más allá del 2006. Confío en que personas como el doctor Wilfredo Navarro y el doctor René Herrera —destacados miembros del partido— sabrán analizar muy bien la situación a la luz de los intereses del país y del Partido Liberal Constitucionalista, y no a la luz de los intereses de una sola persona.
* El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA y catedrático de la Universidad Thomas More. jorgesal@cablenet.com.ni 
|