Especial
Las calles son los parques de la niñez empobrecida
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Algunos parques durante el día son aprovechados por los niños y niñas, pero por la noche se convierten en guarida de delincuentes y borrachos. |
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Benjamín Blanco benjamin.blanco@laprensa.com.ni
Según el Director General del Ambiente, Edgardo Cuarezma, las causas del fenómeno delictivo en los parques tiene que ver un poco con la organización de la comunidad y con la responsabilidad de la Policía, en cuanto al trabajo que tiene que realizar.
“No tanto desde el punto de vista represivo, sino desde el punto de vista de conjugar distintos elementos de cuidado alrededor de estos jóvenes en riesgo. El parque atrae a los jóvenes y a la gente que llega en busca de un poco de esparcimiento, pero efectivamente, muchas veces por falta de vigilancia y beligerancia de la comunidad se convierten en centros de pandillas”, consideró el funcionario.
Cuarezma cree que el problema no es el parque, sino la falta de vigilancia en él, la falta de interés de la comunidad por ver qué puede hacer a favor de los jóvenes pandilleros, donde el denominador común es el desempleo y la falta de oportunidades en este país.
Sin embargo, el capitán Oscar Vargas, jefe de Seguridad Pública del Distrito Dos de Managua, considera que las causas de todo esto tienen raíces más profundas.
Vargas dice que en los siete kilómetros de faja costera de los barrios marginados del Distrito Dos, que inicia en el barrio El Pantanal y termina en el Manchester, existen solamente dos parques: el de Acahualinca que se ha convertido en un foco delictivo y el Guatemala que es otro foco de peligro. En esta zona habitan unas 20 mil personas.
“Dónde juegan estos niños si en su casa no pueden hacerlo porque son extremadamente pequeñas, porque viven en hacinamiento, porque no tienen servicios básicos. Juegan en la calle, y allí corren el peligro de que los atropelle un vehículo o de ser absorbidos por la violencia juvenil”, aseguró Vargas.
VEINTE AÑOS CON LOS MISMOS PARQUES
Agregó que “por eso tenemos que hacer un esfuerzo interinstitucional común para abrir espacios de sana recreación de los jóvenes y los niños. Lo que se ha venido haciendo es reconstruir lo que ya estaba hace 20 años. Una población de casi 20 mil habitantes con solamente dos parques, es algo lamentable”, consideró.
“Ese contacto con la calle, con una forma de diversión no acorde a su edad, es lo que de pronto te arrastra al niño a adoptar posiciones que lo llevan hacia el camino equivocado. El niño debe jugar con otros niños, porque cuando los adultos o los adolescente mayores comienzan a transmitirles sus mañas, ahí es cuando vemos que aparecen las mini pandillas y hasta se hacen llamar “Los Pelones Juniors”, “Los Satitas”, “Los Come Muertitos”, que son chavalitos de 12 y 13 años que tendrían edad de estar en su casa jugando con carritos todavía, pero que ya se andan volando piedras”, comentó el jefe policial.
“Mientras nosotros no podamos darle sana diversión a nuestra niñez, esos niños al crecer van a seguir creyendo que divertirse es sostener una batalla campal a pedradas o comenzar a oler pega y fumar a los diez u once años, porque no tenemos segmentados los espacios de diversión y esparcimiento para la niñez”, aseveró. 
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