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SáBADO 21 DE SEPTIEMBRE DEL 2002 / EDICION No. 22858 / ACTUALIZADA 2:08 am
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Blanco y negro
Bolaños, Ortega y el miedo

Eduardo Enríquez
eduardo.enriquez@laprensa.com.ni

En estos días estoy oyendo a personas expresar su temor por las ventajas políticas que ha sacado Daniel Ortega de esta guerra contra los corruptos del gobierno anterior.

Los hechos les dan la razón. Los que dirigieron el gobierno más corrupto en la historia de Nicaragua han aprovechado las circunstancias políticas para aparecer como adalides de la honestidad, y entre ellos, principalmente, Ortega, el secretario perpetuo del Frente Sandinista.

Y vaya provecho el que ha sacado. Según la última encuesta de CID Gallup publicada en agosto, Daniel Ortega tiene el porcentaje más alto de opiniones favorables de los últimos 11 años, un 45 por ciento.

Y la encuesta no toma en cuenta la destitución de la Junta Directiva arnoldista en la Asamblea Nacional. Apostaría que hoy Ortega anda por un 50 por ciento.

No hay que olvidar que la expulsión de la directiva rebelde de la Asamblea es una realidad únicamente con el respaldo sandinista, no sólo porque sin sus votos hubiera sido imposible, sino porque prácticamente llevaron a empujones a los Azul y Blanco, que no se decidían a dar el paso final, aún cuando la Directiva rebelde había cometido los delitos de desacato y desobediencia hasta la saciedad.

¿Qué significa esto?, ¿que Ortega va a gobernar “desde abajo”?, ¿va a ser el próximo presidente?

Pues como todo en política, depende. ¿Le interesa a Ortega gobernar desde abajo? Creo que, como el político populista y cortoplacista que es, más bien le interesa que Enrique Bolaños no dé pie con bola en la recuperación económica, y ya lo ha demostrado con la votación de su bancada a favor de una versión de Ley de Ampliación de la Base Tributaria que perjudicó al gobierno y con la Ley del Agua.

Lo ideal para Ortega es, después de esta guerra, obstaculizar pero no desestabilizar, pues echaría por tierra toda esta nueva imagen. Y obviamente que todo lo que Ortega hace, cada paso que da, cada palabra que dice, está calculada para aumentarle las oportunidades de ser presidente en el 2006.

En lo personal creo que es inevitable que eventualmente haya un gobierno sandinista en Nicaragua. Pero como esta columna se trata de los que están nerviosos, la pregunta que cabe es ¿qué podría hacer Bolaños para evitar esto? Obviar la guerra contra los corruptos nunca fue opción. Ortega habría quedado solo con esa bandera, habría significado más réditos políticos para él y habría dejado a los liberales —la única otra opción política real hasta el momento— verdaderamente desacreditados; los arnoldistas por corruptos y los bolañistas por timoratos.

Bolaños es hoy más popular que cuando ganó las elecciones, gracias a la guerra contra los corruptos.

Pero esos réditos logrados por ambos no les van a durar hasta el 2006. Entonces, así como la tarea de Ortega será obstaculizar sin desestabilizar, la de Bolaños debe ser gobernar con eficiencia y honestidad.

Y claro, neutralizar esa “mayoría ficticia” que tienen los sandinistas en la Asamblea. Eso no creo que sea complicado. A mi parecer, pronto, un buen número de los diputados “arnoldistas” estarán jugando en la cancha de Bolaños.  
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