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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 7 DE SEPTIEMBRE DE 2002
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Arquímedes González: “Seguimos metidos en un regionalismo autista”

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Ezequiel D’León Masís

Con su libro “La muerte de Acuario” (2002), el periodista nicaragüense Arquímedes González Torres explora las posibilidades que la forma novelística le confiere para estructurar un argumento que, en efecto, bastante le debe a la descripción histórica y a la ficción. Esta novela plantea la transposición de Sherlock Holmes y J. H. Watson, dos figuras clásicas del género policial, en el contexto nicaragüense de las postrimerías del siglo XIX. González conversa al respecto.



¿Cómo surge la idea de trasplantar los personajes de Arthur Conan Doyle a otro espacio que, precisamente, es Nicaragua?

“Lo de Holmes se me ocurrió en Tokyo, cuando estudiaba Telecomunicaciones. Anduve obsesionado con el tema bastante tiempo, desde que descubrí un cable de Reuters de 1996 que hablaba de asesinatos cometidos por Jack en Nicaragua y Jamaica. Después pensé en incluir otros personajes. Primero creí que sería un cuento pequeño, pero cada vez iba creciendo con más datos e ideas. Pensé que si hacía llegar a Jack ‘El Destripador’, el primer asesino en serie documentado de la historia, también tenía que venir alguien ‘grande’ a investigarlo. Pensé en describir al investigador de Poe pero, al final, me decidí por el de Arthur y, así, llegaron los personajes que hoy habitan en mi novela”.



¿Te propusiste conservar el cuadro exacto de personalidad que Conan Doyle otorga a su Holmes?

“En algunas cosas sí. Cada vez que alguien lo leía, me decía, ‘no siento a Holmes’ o ‘no parece alguien de Inglaterra’. Me esforcé para que no quedara como algo demasiado frío y, más bien, le di algunas libertades”.



¿Se trata de un relato policial?

“Para mí, no. Esto es un experimento, nada más. Es la primera vez que escribo tanto, en verdad. En mi tercer libro volveré a insistir con un verdadero relato policial con humor. Por ahora, el segundo que viene será sólo cuentos”.



Recuerdo, ahora, unas palabras de Chesterton: “la novela policíaca es un drama de caretas y no de caras. ¿Podríamos adaptar esa frase a “La muerte de Acuario”?

“Tuve que leer como veinte libros de novela policíaca y casi todos eran muy aburridos. Solamente uno de Luis Sepúlveda, ‘Un killer sentimental’, me llamó la atención. Creo que el estilo ha evolucionado mucho y hoy se necesita, además de una trama y de ese drama de caretas, muy buen humor”.



¿Creés en un estudio documental previo a la escritura de la trama novelesca? Te hago esta pregunta porque en tu novela es notoria la mezcla de contextos históricos con la ficción policíaca.

“Pretendía hacer algo nuevo. En Nicaragua no se ha experimentado con la novela policíaca y se ha abusado de la histórica. Pensé en recrear estos crímenes en un contexto que me pareció interesante: el Coronel Evaristo Carazo, los trenes, la invención del vehículo, el descubrimiento del ADN, Monet y otras cosas para hacerlo agradable. Debí investigar y ser muy paciente, consiguiendo los datos que, al final, todavía creo que son muy necesarios. Si uno no se documenta, puede cometer errores que terminan por socavar la credibilidad de la obra”.



¿De ahí, entonces, la precisión fehaciente de fechas y datos?

“No quería tener problemas de credibilidad. Cuando uno es nuevo, siempre la gente busca cómo acabarlo. Si ponía algo equivocado, me iban a masacrar y, bueno, también deseaba que la estructura fuera lo más fuerte posible, que el entramado estuviera bien soportado. Creo que mi novela tiene muchos datos, pero me servían para que el lector me tomara en serio y no creyera que esto es al peso de la lengua. Incluso, la información de los asesinatos de Jack en Nicaragua está documentada en un libro llamado ‘El Huésped’ de dos investigadores de Scotland Yard”.



¿Admitís como válido el discurso que sostiene cierta tendencia novelística sobre la “reescritura” interpretativa de la historia?

“Yo creo que se puede hacer. El impedimento es, con Nicaragua por ejemplo, que sólo tenemos retazos de historia. Encontré problemas con los datos históricos que, a veces, en cinco libros las fechas eran todas diferentes. Fue muy difícil conseguirlos y, en ocasiones, casi me daba por vencido, por eso, en muchos casos, opté por reescribir lo que a mi parecer debió suceder”.



¿Hasta hoy, cómo valorás la novela nicaragüense de los años noventa?

“En realidad he leído poco: unas quince novelas de diferentes escritores. Lamentablemente, he visto que seguimos metidos en un regionalismo autista. Tampoco creo que mi novela es excelente, pero sí creo que, en ideas, es muy buena”.  
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Luis Cernuda Poeta de centenario (1902-1963)


Arquímedes González: “Seguimos metidos en un regionalismo autista”