Nada personal
Del fanatismo a la inanición
Douglas Carcache douglas.carcache@laprensa.com.ni
Así como algunas religiones intimidan a la gente con la llegada del fin del mundo y el infierno, hay grupos de la sociedad civil que tratan de atemorizar a los hambrientos de Nicaragua para que rechacen los supuestos alimentos transgénicos que les donan los organismos internacionales.
Han propagado la idea de que todo alimento transgénico es malo y me parece un error o mala intención, porque hay productos con mayor calidad y eficacia nutritiva por su combinación genética y han sido autorizados por instituciones internacionales especializadas en salud y alimentación.
Pretenden que gente muy pobre rechace un poco de maíz, el justo para comerse una tortilla con sal, mientras en los supermercados los ciudadanos con mejor ingreso compran, desde hace mucho tiempo, hojuelas de maíz y chocolates reforzados con transgénicos, además de otros alimentos industrializados también con químicas genéticas.
Es ilógico tratar de quitarle comida a los más necesitados, sin ofrecerles otra opción para sobrevivir al hambre, porque quienes más critican las donaciones de alimentos del exterior suelen ser los que menos ayuda real brindan a los pobres de Nicaragua, llenándolos sólo con promesas de un futuro mejor.
Más de cinco mil niños están en peligro de morir este año en Centroamérica debido a la sequía y el desempleo en el campo, advirtió el Programa Mundial de Alimentos. El año pasado, la sequía golpeó a 1.5 millones de personas en esta región, donde Nicaragua es uno de los países más débiles en lo económico.
¿Por qué producimos poco maíz en Nicaragua? Una de las razones es que el 80 por ciento de los agricultores usan semillas criollas propias y sólo el uno por ciento compra semillas híbridas, que les dejan cosechas bajas, según estadísticas oficiales. En El Salvador ocurre lo contrario y el 70 por ciento cultiva semillas híbridas, por lo que sacan una producción dos veces mayor que la nicaragüense.
En general, la agricultura de Centroamérica tiene 100 años de atraso en el empleo de semillas híbridas, en relación con Estados Unidos, y ése debe ser motivo para reflexionar sobre las ventajas que podría conseguir Nicaragua, en tiempo y producción, si mete variedades mejoradas para elevar las cosechas de granos básicos.
La tecnología transgénica, según instituciones científicas, puede incrementar la producción de alimentos, reducir el uso de pesticidas y proveernos de alimentos más seguros y saludables, lo que ha sido comprobado en México y otros países de América Latina.
Sin embargo en Nicaragua, donde abunda el hambre y escasea la producción, la rechazamos de tajo. Nos convendría reflexionar más y ser menos fanáticos, ver lo positivo del desarrollo de otras naciones y aceptar las ayudas que nos ofrecen instituciones con reconocimiento mundial, porque la miseria no cree en idealismos y sus víctimas pierden el aliento. 
|