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LUNES 9 DE SEPTIEMBRE DEL 2002 / EDICION No. 22846 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Universitaria
Obreros se están quedando sordos

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.Estudio de la UCEM reflejó el grado de pérdida de la capacidad auditiva en 404 personas que trabajaron en diferentes fábricas del país
.Experto aboga por examen auditivo para trabajadores que se jubilan

El doctor Ronald Sánchez Segovia, quien realizó un estudio sobre la pérdida de capacidad auditiva en los obreros de plantas industriales.

 

Moisés Martínez
moises.martinez@laprensa.com.ni

Pese a estar relacionada con el sonido, es una contaminación silenciosa. Los daños en los seres humanos producto de la exposición constante a sonidos fuertes, son consecuencia de lo que se denomina como “contaminación auditiva”, la menos conocida de todas los afectaciones ambientales.

Por tal razón, el estudio presentado por el docente de la Universidad Centroamericana de Ciencias Empresariales (UCEM), Ronald Sánchez Segovia, fue uno de los llamativos de la III Conferencia Científica Nacional, que concluyó recientemente en la sede la Universidad Agraria.

El estudio, denominado “Prevalencia de la Hipoacucia en los trabajadores industriales”, reflejó el grado de pérdida de la capacidad auditiva en 404 personas que trabajaron en diferentes fabricas del país.

Sánchez Segovia, quien se especializa en higiene y seguridad laboral, explicó que una de las razones para llevar a cabo está investigación fue establecer una obligatoriedad en fábricas y empresas de un examen médico para todos los empleados que entren en su etapa de retiro.

“La idea del estudio es destacar que muchos trabajadores, después de estar tantos años expuestos al ruido, se van jubilados y no les hacen los estudios audiométricos necesarios que determinan si están bien o no de su aparato auditivo”, explicó Sánchez Segovia.

INDEMNIZAR POR SORDERA

Según el docente, el determinar que el empleado tiene una disminución auditiva severa establecería la necesidad de una indemnización por parte de la empresa en la que laboraron. “La verdad es que hay un gran porcentaje de trabajadores que laboraron con ruido y se van jubilados y nunca se les hace un examen médico para valorar si merecen una indemnización. Ésta deberá ser acorde al grado de disminución en la capacidad auditiva y debe ser decidida por una comisión especial”, explicó el especialista.

De 404 personas investigadas en el estudio de Sánchez Segovia, 181 presentaron algún síntoma de hipoacucia bilateral, por exposición crónica al ruido, pero no todos a un nivel que amerite indemnización.

Al final, el estudio indicó que un 16 por ciento de los 181 afectados por algún grado de hipoacucia, merecían una indemnización debido a su grado de pérdida de capacidad auditiva.

Esto se debió, de acuerdo con Sánchez Segovia, a que las medidas de protección del “ruido excesivo” están siendo aplicadas en la mayoría de las industrias y fábricas desde hace apenas cuatro años.

“En los últimos cuatro años es que se están usando esas medidas de protección. Durante el resto del tiempo, la mayoría de los trabajadores investigados han estado casi en las mismas condiciones, o sea, sin equipos de protección”, declaró.

EXAMEN DE “RETIRO”

A juicio de Sánchez Segovia, debería de establecerse que así como los empleados tienen derecho a un examen médico regularmente durante sus años de trabajo, también deben pasar uno al momento de su retiro.

“Debería de estar legislado que el trabajador al momento de jubilarse debe someterse a exámenes médicos que estén de acuerdo con el riesgo a que el trabajador se expuso durante su vida laboral, para ver si tiene alguna afección”, opinó.

NIVELES DE LUCHA CONTRA EL RUIDO

Según el docente de la UCEM, Ronald Sánchez Segovia, éstos son los niveles de protección en contra de la contaminación por ruido.

El primer lugar, es bajar la intensidad de la fuente del ruido, ya sea disminuyéndolo, cambiando a una máquina más moderna, darle mantenimiento o si es posible eliminarlo.

El otro nivel es la colocación de barreras acústicas (paredes con determinadas características para evitar que el ruido pase) para proteger a los trabajadores.

El tercer nivel es la protección del trabajador mismo, ya sea con orejeras, tapones auditivos o cualquier otro equipo.

Según el especialista, las empresas que producen más ruido son las embotelladoras, constructoras, textileras, fábricas industriales y, curiosamente, los talleres de mecánica privados.  
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