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Memoria histórica

Marlon José Navarrete Espinoza

Un pueblo que olvida su pasado se condena a sí mismo a repetirlo.

Ciertamente que el pasado debe quedar en su lugar, un tiempo consumado en donde lo que sucedió no se puede cambiar, pero eso no quiere decir olvidarlo precisamente, porque olvidarlo desemboca en que las nuevas generaciones que no vivieron esa historia corren el peligro de revivir los hechos que desangraron e hirieron al país y lo dejaron marcado para siempre.

Los que invocan un olvido en realidad lo hacen porque están aún involucrados en los eventos del pasado y no quieren verse expuestos a recriminaciones que saben los señalarán con un alto grado de culpa y responsabilidad por los crímenes y delitos que sucedieron.

Veamos un claro ejemplo en el FSLN, que con mucha insistencia pide que se olvide el pasado y se les perdonen los errores que en nombre de la revolución cometieron. Sin embargo, por otro lado, ellos constantemente están invocando el pasado somocista y la época de Somoza como símbolo de la mayor tiranía y destrucción de nuestra nación, evocando la gesta insurreccional y remarcando los desaciertos y crímenes de Somoza.

Esto es simplemente hipocresía y demagogia. El FSLN tiene un nada honroso puesto paralelo en la historia con Somoza; su gran enemigo, pero a la vez su gran maestro y aliado político, que le garantiza sobrevivencia al resaltar las fallas de Somoza y echarle toda la culpa de la desgracia del país.

Se le olvida al FSLN que la culpa histórica es compartida con su archienemigo el somocismo. No se debe parcializar en la historia y mostrar una sola cara de los hechos o inclinar la opinión en un solo sentido, al igual que se debe por ética y moral, por justicia y honestidad, destacar con profesional equilibrio tanto lo bueno como lo malo de cada gobierno en su respectiva época.

Aprendamos la lección para no cometer el error histórico que a un precio muy alto ha pagado el pueblo y no los gobernantes.  
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