En letra pequeña
Fabián Medina fabian.medina@laprensa.com.ni
PIEDRA EN EL ZAPATO
Me van a disculpar quienes aplauden, pero yo, periodista que soy, no puedo celebrar el cierre de Radio La Poderosa, independientemente que me revuelvan el estómago los contenidos que transmite. Desde la acera de la defensa a la libertad de expresión, lo que se ve es un gobierno que se vale de un tecnicismo para ahogar una voz que le disgustaba, que se había convertido en una piedra en su zapato. Hecho esto, ¿quién sigue?
A LOS JUZGADOS
Si el presidente Bolaños, o cualquier ciudadano, siente que esta radio o cualquier medio lo ha calumniado o injuriado, pues que lo lleve a los tribunales, pero que no use el poder del Estado para callarla.
EN BUENA LID
Tampoco se trata de dar a los medios de comunicación ni a los periodistas una patente de corso para decir cualquier barbaridad. Hay ejemplos. Hace dos años, nuestro jefe de redacción, Eduardo Enríquez, al sentirse difamado por un escrito del también desaparecido diario La Noticia, sentó a su director en el banquillo, en los juzgados, y les ganó el caso.
PARADOJA
Sea lo que sea, el grupo de Alemán es una voz que los que quieran pueden oír cuando ellos quieran, que tiene todo el derecho del mundo a expresarse aunque no estemos de acuerdo con ella. Porque aunque coincidamos que este grupo promueve y defiende estilos corruptos y antidemocráticos, sacarla de juego es, paradójicamente, un golpe a la democracia.
ATOL CON DEDO
Hay que tener menos de tres dedos de frente para creer la versión oficial que esgrime un purismo legal para actuar “manu militari”. Porque si fuera así, créanme que habría otro montón de medios que estarían cerrando.
TRASPIÉS
Es justo que el Estado reclame el dinero que le debe un medio, cualquiera que sea, como sucedió con el diario La Noticia, es justo que revise su situación legal, como el caso de La Poderosa, pero de ahí a cerrarlo hay una distancia enorme y esta vez, como en otras recomendaciones que le han dado a Bolaños sus asesores, el remedio saldrá más caro que la enfermedad, si es que de verdad estamos jugando a construir la democracia. 
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