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JUEVES 17 DE OCTUBRE DEL 2002 / EDICION No. 22884 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Gente se recluye por terror en Washington

Fernando Puchol
EFE

WASHINGTON.- El francotirador de Washington ha cambiado la vida diaria de los ciudadanos de manera más visible que los atentados del 11 de septiembre, con colegios cerrados, citas canceladas para la peluquería y comercios tomados por la Policía.

Rutinas diarias como poner gasolina, cortar el césped, esperar el autobús, ir de compras o llevar a los hijos al colegio se han convertido en actividades de riesgo por culpa de un asesino en serie que hace que el azar sea una cuestión de vida o muerte.

No se salvan ni hombres ni mujeres, ni niños ni ancianos, ni blancos ni negros ni hispanos, y se corre peligro por igual en los suburbios de Maryland, en los de Virginia o en la capital.

Desde el 2 de octubre nadie se siente del todo a salvo en esta región de EE.UU. donde viven cinco millones de personas, porque el francotirador, que ya ha matado a 9 y ha herido de gravedad a otras dos, ha hecho del capricho su tarjeta de presentación.

“Los niños se aburren en las casas, pero sacarlos a pasear o al parque es ahora una responsabilidad”, dijo Sandra Patiño, una niñera que vive y trabaja al lado del centro comercial de Falls Church (Virginia).

Ella fue testigo del extraordinario despliegue policial que el asesino en serie volvió a burlar en Falls Church, “a pesar que estuvieron buscando y rastreando la zona con helicópteros que sobrevolaban el lugar hasta después de las tres de la mañana”.

Más que nunca, quienes regresan a casa en metro quedan con algún familiar o amigo para que les recoja con un coche en la parada, y la gente huye como de la peste de los focos de luz, los espacios abiertos y los lugares que puedan servir de parapeto al asesino.

En los centros comerciales, por los que el francotirador ha demostrado hasta ahora especial predilección, se ha multiplicado la presencia de agentes de seguridad, con el objetivo de inspirar más confianza a los consumidores.

“Todo esto ha supuesto un tremendo impacto en los comercios de la zona”, manifestó Eugene Fram, profesor del Instituto Rochester y experto en tendencias de consumo, quien constató que en situaciones como ésta “las compras se convierten en una prioridad secundaria”.

En un país esencialmente consumista, ver vacíos los aparcamientos de las grandes superficies es muy representativo del estado de ánimo de la gente, que “se está comportando de una manera muy cauta”, dijo Scott Krugman, de la Federación de Venta Minorista de Washington.

Krugman, sin embargo, afirmó que los ciudadanos tienen una coraza anímica desde el 11 de septiembre, que le lleva a pensar que “en general la gente no va a cambiar su día a día, porque no puedes vivir tu vida con miedo. Es algo que aprendimos en el último año”.  
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