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JUEVES 17 DE OCTUBRE DEL 2002 / EDICION No. 22884 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Doble play
La peor serie

Edgard Tijerino M.
edgard.tijerino@laprensa.com.ni

Difícilmente una Serie Mundial que se resuelve en 4 juegos puede pertenecer a las imborrables, aun incluyendo un terremoto que altere su desarrollo. ¿Recuerdan el Clásico de 1989? Sí, ese en el cual los Gigantes fueron mansamente barridos por los impetuosos Atléticos de Oakland.

Algunos dicen que la artillería de los Atléticos fue simplemente demasiado para los Gigantes... Otros, que el pitcheo de los Atléticos simplemente fue demasiado para los Gigantes. Revisando los box scores, las dos cosas fueron ciertas.

Y además fue larguísima, porque debido al movimiento telúrico se necesitaron 14 días para jugar esos cuatro partidos... En San Francisco, el 17 de octubre, justo antes del juego tres, el Clandestick Park se estremeció brutalmente y el Clásico pareció saltar hecho añicos como algunos puentes.

Nada de suspenso. Los juegos fueron terriblemente desbalanceados, no se vio competencia, y de no ser por la sacudida, la Serie se hubiera disipado en la memoria luego del último out... Fue tan mala, que hubiera sido necesario sacudir a los fanáticos para sacarlos del aburrimiento y decirles que ya era hora de irse a casa, que todo había terminado.

Para los que anotan detalles pase lo que pase, en medio de tanta inseguridad y con las emociones ocultas, fue la barrida número 14 en la historia de los Clásicos.

Lo peor del caso es que ninguno de los resultados fue dudoso en algún momento. Nunca los Gigantes estuvieron adelante. Sólo en una ocasión lograron empatar 1-1, en el tercer inning del segundo juego. Sólo consideren que el marcador final fue el más cerrado, fue el 9-6 del juego 4, en tanto, los otros resultados en orden, fueron 5-0, 5-1, 13-7.

Para los aficionados de San Francisco fue una pesadilla, y para los de Oakland, pese a la rotunda superioridad mostrada, no tuvo chiste... Nadie salió brincando del parque.

Y es que virtualmente no hubo controversia, exceptuando los lamentos del ganador de 19 juegos, Storm Davis, por no abrir en el juego 4 para Oakland... Con el atraso, el manager Tony LaRussa decidió que Dave Stewart y Mike Moore, abrieran dos veces cada uno. Oakland conectó 9 jonrones, pero ninguno de Mark McGwire.

El terremoto no pareció incidir en el calibre del nivel del juego. Los Atléticos tenían una ventaja de nueve carreras contra los Gigantes en los dos primeros partidos, y de ocho carreras en los últimos dos. Así que los dos juegos antes del terremoto y los dos después, carecieron de interés en sus tramos finales.

La última línea memorable se le atribuye a Canseco: “Yo estaba en el rigth field. En un inicio pensé que era otra de mis migrañas, pero sólo era un terremoto”. El gran bateo y pitcheo de los Atléticos fue opacado por la dócil oposición en el mortal sismo.

Los Atléticos anotaron 32 carreras y los Gigantes 14, lo que en ese momento permitió empatar la diferencia más grande en una Serie... Los Yankees de 1932 obtuvieron ese margen contra los Cachorros, cuando supuestamente Babe Ruth pronosticó su jonrón.  
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