Madrigal-Arcia: ¿Dilema entre el Color y el Paisaje?
Agustín del Rosario
No se trata en el caso de este creador, nacido en Nicaragua y radicado en Costa Rica, de establecer una dicotomía entre dos elementos, sino que más allá de la idea se trataría de diferenciarlos dentro de un conjunto que a simple vista pareciera hacerlos confrontarlos.
Es decir, de un lado la “eclosión” de el color y del otro lado la “eclosión” del paisaje, y en este último caso a la cual haría referencias inclusive el nombre con el que se ampara a la muestra. Es que el espectador o espectadora corre ese riesgo mayor de en entender las obras dentro de esa connotación, y somos de la idea que las mismas tendrían que ser orientadas más que por la confrontación del color y del paisaje por ese minucioso trabajo del primer elemento sobre el segundo.
Reuniéndolos al tiempo que sosteniendo un marcado diálogo entre ambos.
En Madrigal-Arcia hay un tercer elemento de unión, éste de carácter externo a la obra: el erotismo. Sensación que se sugiere o se incorpora en la generalidad de los lienzos en algún espacio y sin necesariamente hacer del mismo, erotismo, el probable tema de sus obras.
Es decir, hay erotismo en un detalle, que si bien es cierto podríamos como observadores magnificar no por ello hacerlo absoluto. La manera o la forma como Madrigal-Arcia trabaja sus materiales pictóricos es lo que a juicio nuestro aproximaría sus obras al calificativo: capas de color, acariciadas una y otra vez al punto de transformar eso que nos atrevemos a denominar como el encuentro del color y el paisaje en una probable imagen erótica.
Es ese acariciar, parafraseando a Ionesco: cada vez más y más hasta hacer del acto un círculo vicioso lo que define el paisaje de volcanes o de lagos y que se contraponen de alguna manera a esos colores de torsos y de frutas que emergen igualmente a partir de las mismas caricias de Madrigal-Arcia.
De allí el distanciamiento a partir del cual entenderíamos lo que un elemento y otro elemento visual podría para él. Es decir, un rasgo de su pintura, de su pensamiento visual y por separado.
También a partir de esa misma idea ese abigarramiento que se da de ambos elementos en el lienzo, como si Madrigal-Arcia no pudiera dejar su pensamiento visual en manos exclusivas de uno o de otro. A partir de la idea, también, ese acento de subrrealidad que pareciera cruzar por el espacio subversivamente, lo que María Dolores Torres menciona como “incongruentes yuxtaposiciones” y que aportaría nuevos enigmas a nuestra idea rectora. 
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