Reflexiones III Bienal
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Fotografía de la secuencia creada por el salvadoreño Walter Iraeta. |
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Luis Morales Alonso
Las expresiones más avanzadas de nuestros países se han dado cita en Managua. Atrasados países, en muchos casos carentes de información y sin estímulo para sus artistas, se reúnen las tendencias que en nuestro medio resultan novedosas y hasta un tanto insólitas, lenguajes desconocidos y no asimilados, en nuestro medio nos vienen a confrontar, resaltando y poniendo a todas luces nuestra precaria formación, y, ¿por qué no decirlo?, “nuestra ignorancia”.
Salta a la vista la aventajada formación y desarrollo en esta materia, de los artistas de Panamá y Costa Rica, condición que obedece obviamente al desarrollo económico y social de estos países, y que no cuentan con grandes cimientos culturales, de arraigo y abolengo prehispánico, pero que de alguna manera han alcanzado cierta estabilidad, que les ha permitido desarrollar sus escuelas de arte y sus instituciones museísticas, que son las principales herramientas para el desarrollo de las artes visuales, que conlleva al mayor acercamiento de la información, tanto de publicaciones, como de muestras y exposiciones de otros artistas de diferentes continentes, que enriquecen la formación de sus pueblos y sientan las bases de criterio, información y apreciación con las últimas tendencias del arte mundial. La Bienal ha cumplido su misión, se ha convertido en el termómetro y toma pulso de nuestra precaria y atrasada situación, nos confronta y encara con una realidad directa: seguimos siendo una zona atrasada y olvidada del continente.
Pero no todo el panorama es negro y desolador, varias enseñanzas y ventajas percibimos del análisis de esta Bienal que ha contado con una reunión de expertos como Gerardo Mosquera, María Elena Ramos y Elena de Oliveira, quienes han fungido como jurado de premiación, así mismo, las pláticas desarrolladas por los especialistas centroamericanos como Rosina Cazalli de Guatemala, Bayardo Blandino de Honduras, Rodolfo Molina de El Salvador, María Dolores G. Torres de Nicaragua, y Adrianne Samos de Panamá. Conclusiones importantes a las que llegamos en este encuentro regional:
— Existe un fenómeno de comunicación horizontal entre nuestros artistas y países, que no es habitual en otras latitudes.
—Tenemos una Bienal viajera que en cada edición cambia de escenario, de sede, de país.
— Tenemos la sana intención de acercarnos y apropiarnos de las tendencias, medios y lenguajes del arte internacional; esto, que fue una de las cosas más discutidas y llamativas de la Bienal, no tenerle miedo al “coqueteo” con estas tendencias y lenguajes, pues no son patrimonio exclusivo del Primer Mundo. Tenemos todo el derecho de hacer uso de esos medios de expresión avanzados, el peligro será la SINCERIDAD con que los utilicemos, el peligro como quien dice está en el oportunismo y la moda, la ligereza y falsedad...
El esfuerzo del Comité organizador ha sido encomiable, tanto las fundaciones patrocinadoras de cada país, como la sede, la Fundación Ortiz-Gurdián, anfitriona del evento, que no escatimó recursos para coronar con éxito esta primera experiencia regional en materia de artes visuales —recordemos que las dos ediciones anteriores realizadas en Guatemala y Costa Rica, respectivamente, fueron exclusivas de la pintura— que anima a realizar mayores esfuerzos para fomentar más y mejores actividades que coadyuven a la comunicación, reflexión y desarrollo entre nuestros artistas, que en comparación con otras regiones tenemos la ventaja de convivir muy cerca.
Será fruto de este esfuerzo regional de Fundaciones privadas, de la sociedad civil (tan de moda ante las precariedades e insuficiencias de los gobiernos) que se pueda ir inyectando al arte del istmo más y mejores experiencias que apoyen la carrera de nuestros artistas y enriquezcan a nuestros pueblos.
Cierto que el arte no es un producto de consumo diario, pero el arte nos toca y llega a la condición espiritual que cada día olvidamos más, es la catarsis que tan sabiamente alimentaban los griegos, los aztecas, los chinos...
Con artistas mejores cada día, que entreguen a sus pueblos obras salidas de las realidades y las utopías, que alimenten el espíritu y el conocimiento, tendremos generaciones, niños y jóvenes que sabrán vivir mejor sus realidades, sabrán confrontarlas y sabrán luchar y conseguir sus sueños.
La estabilidad da paz y desarrollo, siempre y cuando existan programas sociales que enfrenten los problema de vida y existencia, programas que beneficien a las mayorías hoy tan empobrecidas en nuestros países, ejemplos de honestidad, amor y filantropía. No por ser la Fundación Ortiz-Gurdián la organizadora del evento, ni por quedar bien con ellos, pero son un ejemplo a seguir —su Centro de Arte en la ciudad de León es un orgullo para toda Nicaragua, no existe un país en Centroamérica que tenga algo parecido—. Ejemplo que otros grupos económicos de mayor renombre, con más capital y con más presencia comercial por sus empresas, deberían de tomar, para participar más en la alimentación espiritual, que ahora es para unos pocos, pero que en la medida en que esto influya en la educación, llegará el arte cada vez a más personas.
El reto que se plantea ahora: ¿quién dará pasos concretos hacia adelante para apoyar la formación de buenos artistas? ¿para facilitar el flujo de información? ¿para apoyar proyectos públicos de arte de calidad, sin temer a las nuevas y contemporáneas tendencias el arte mundial? ¿quién? 
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