Entrevista
Sergio Ramírez, la oscuridad del poder
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 | El escritor nicaragüense Sergio Ramírez, ganador del Premio Alfaguara de Novela en 1998, está listo para presentarnos el próximo jueves en el Teatro Nacional Rubén Darío su última novela “Sombras nada más”, que relata la agonía del somocismo, la maquinaria que mueve el poder y a personajes atrapados en esa red. |
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Sergio Ramírez. |
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Arquímedes González
Así que hoy de nuevo, la Fortuna y el Destino que provocan la risa y el llanto, la comedia y la tragedia, traen a Alirio y Judith, Manitos de Seda y El Niño Lobo, para que luchen contra las aguas tormentosas que mueven la barca náufraga que los lleva a la odisea de un pueblo pequeño con una gran insurrección, lleno de libertad y rencor, donde la justicia son aplausos y la muerte, el silencio.
La última novela del escritor nicaragüense Sergio Ramírez Mercado, “Sombras nada más”, bajo el sello Alfaguara, será presentada en el Teatro Nacional Rubén Darío el próximo 17 de octubre, narra los dos últimos días de un hombre cercado por su pasado y la semilla de una de las más grandes revoluciones sociales en la historia de América Latina.
Es la historia de personajes atrapados en la implosión de una dictadura, el derrumbe de un sistema en el que el poder obsceno es tradición, pero que como todo cuando cae, deja al descubierto las crueles y a veces compasivas verdades de sus protagonistas.
Ramírez recibió al equipo de LA PRENSA en su casa ubicada en la Calle Los Chilamates, de Colonial Los Robles, arropado con el asomo de los vientos de noviembre y diciembre.
En “Sombras nada más” reaparecen los personajes de “Castigo divino”, “Margarita está linda la mar” y “Te dio miedo la sangre”…
Llega un momento en la vida de un escritor cuando tiene la ambición de reconstruir su propio universo y darle un sentido al universo narrativo para que se vuelva un mundo que siempre esté habitado por esos personajes que dan cohesión total.
Por eso, al llegar al punto de escribir la novela que tiene que ver con el fin de la era de Somoza y el personaje Alirio Martinico, es una piedra que empieza a rodar hasta el fondo cuando se derrumba la dictadura. Yo extendí una mirada hacia el pasado histórico que he tratado en mis novelas y los conecté con esta novela, sobre todo los de “Te dio miedo la sangre”, que vuelven a tener un papel en esta historia.
Para usted, ¿qué significa el mar que está presente en “Sombras nada más” y en “Margarita está linda la mar”?
Una de mis grandes nostalgias es no haber podido embarcarme en un viaje transatlántico. Claro, para alguien como yo que nací en la costa del Pacífico cerca de las playas, desde niño ha sido una enorme fascinación el mar como misterio. Siempre he tenido esa atracción, seguramente primigenia, ya que todos salimos del elemento marino que también es la atracción de Darío, como la aventura, distancia, la odisea...
En su novela también aborda el tema del poder…
Este episodio ocurre en la tierra de nadie prácticamente, en un momento en que el poder de Somoza no se ha terminado de desmoronar y el poder de la revolución no se ha consolidado, y ocurre en este pequeño pueblo donde ya hay un germen de poder y es un gran laboratorio de lo que se llamó el poder popular, donde las fuerzas de cambio no están sometidas a ninguna regla sino a la anarquía.
Por otro lado, está el peso de la conciencia y la personalidad individual sobre los acontecimientos. Eso de que hay una fuerza popular abstracta ideal es un mito. Lo que hay son individuos moviéndose para dirigir toda esa fuerza centrífuga que está dispuesta a respaldar un cambio, pero hay unos que lo dirigen en todos los niveles.
Aquí lo que ocurre es la manifestación de una fuerza desbordada que tiene que ver con la justicia, la venganza, la retribución al mal, y se hace de manera anárquica, arbitraria, sin reglas judiciales y en base a las emociones.
Mi convicción es que el poder, al final, es el mismo en cualquier sistema. Por mucho sentido de justicia que se le ponga al poder, siempre está sujeto a las viejas reglas que lo han dominado siempre como manifestación del espíritu humano.
Unidos por el destino atroz…
La mano del destino siempre acomoda los personajes para que se encuentren en las situaciones más inauditas, y es lo que la vida tiene de novelesco y la novela de vida desde la tragedia de los griegos. Eso es lo que le da el dramatismo a las relaciones, como el vínculo de Alirio Martinico y Judith, que sus padres fueron partícipes de la rebelión de abril y ahora están colocados en los dos extremos del acontecimiento, una como juez y el otro como acusado.
Eso le da un clima de relación personal más que político que no me interesaba narrar, sino a los seres humanos que estaban atrapados en esa red.
¿Desde cuándo se planteó “Sombras nada más”?
Este episodio, que verdaderamente ocurrió en Tola, siempre me llamó la atención: un juicio contra un alto funcionario somocista por el pueblo. Empecé a escribir desde cero en forma distinta como he hecho con otros libros con documentación exhaustiva, como el caso de “Castigo divino”, sino que imaginé el hecho.
Conocía la costa, el astillero y la casa hacienda donde se defendió este hombre. Entonces, escribí con los recursos de la imaginación sobre el paisaje, los personajes, y sólo cuando tenía el borrador final de la novela, hice dos o tres visitas a Tola para hablar con la gente que había sido testigo de los acontecimientos.
Las cosas que no coincidían con la imaginación, las iba desechando en un proceso inverso que antes, pues prefería la imaginación a la realidad.
La novela se mueve en un tiempo de dos días…
Ese período virtual es como puerta de entrada y salida de los acontecimientos narrados en la novela con cámara de resonancia. Está narrada en dos planos: los acontecimientos reales y el de los interrogatorios en los que también se recurre a los recuerdos de los protagonistas. No tiene una multitud de personajes, sino que se centra en cuatro personajes dramáticos.
¿Se siente satisfecho con “Sombras nada más”?
Yo creo que ensayo con procedimientos distintos. Cada vez que medito sobre la estructura de la novela me gusta pensar siempre en la novedad de los procedimientos. Al fin y al cabo un libro es un asunto de ejecución de las técnicas y procedimientos que uno sigue.
Uno se va identificando con lo último que escribe porque va superando los nuevos retos y desafíos. Para mí es un valladar nuevo que he logrado atravesar. 
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