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DOMINGO 13 DE OCTUBRE DEL 2002 / EDICION No. 22880 / ACTUALIZADA 1:00 am
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¿Unidad conservadora?

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Humberto J. Cuadra Morales*

Desde 1893, cuando subió al poder José Santos Zelaya, se ha querido hacer desaparecer al Partido Conservador. Desde entonces los conservadores han sido objeto de innumerables vejámenes, entre ellos, la expropiación de bienes y propiedades, el asesinato, la tortura, la cárcel, el exilio, la persecución, la intimidación, la censura, la calumnia, la utilización de turbas en su contra, el espionaje, la infiltración, el terrorismo fiscal, la promulgación de leyes electorales adversas, etc. Entre los implicados en estos actos se encuentran los ex presidentes José Santos Zelaya, los tres Somoza, Daniel Ortega y Arnoldo Alemán. No se puede negar que todos ellos han logrado debilitar al Partido Conservador en diferente medida, no obstante, ninguno de ellos ha podido doblegarlo ni, mucho menos, eliminarlo. El arraigo político que tiene un partido de 150 años de historia es inconmensurable; sobre todo si los ideales políticos de éste han sabido corresponder a la defensa de los más altos intereses nacionales, como son: la alternabilidad en el poder, la honestidad en el manejo de la administración pública, la búsqueda de la libertad y el fomento de la institucionalidad gubernamental.

El Partido Conservador ha resistido tantos y tan variados embates, precisamente porque su fuerza reside en la familia. Es ahí, en donde se da la transmisión generacional de valores, que están fundamentados en el derecho a la libertad del hombre y en el respeto al derecho ajeno. Este legado ha impedido, en la historia reciente, que el partido venda sus posiciones o negocie con otros partidos en beneficio propio y en perjuicio de la población nicaragüense. No ha sido posible ni lo será, negociar con cúpulas partidarias que han demostrado, a la saciedad, que sus intereses están primero que los intereses nacionales. Sin embargo, no a todos los adversarios políticos del Partido Conservador se les puede catalogar de oportunistas, ya que innumerables nicaragüenses, que simpatizan o militan en estos partidos, han querido y quieren lo mejor para Nicaragua; sin embargo, estos compatriotas no han contado con la fuerza suficiente para hacer prevalecer sus ideas dentro de sus partidos, lo que ha traído consecuencias negativas al país.

Hay dos hechos relevantes de actualidad que hacen pensar en la conveniencia de enarbolar, con fuerza, la bandera verde. El primero, el hecho de que la ciudadanía ya se dio cuenta de que las componendas entre las cúpulas de los partidos políticos es la causa de mayor peso que impide el progreso del país; y la segunda, que las circunstancias políticas que ha dejado este pacto han obligado a los principales dirigentes de estos partidos a quitarse sus máscaras, y es hasta ahora que pueden reconocerse con claridad sus verdaderas intenciones. Éstas son razones suficientes para pensar que el Partido Conservador tiene una posibilidad real de resurgir y que podría llegar a ocupar parte del espacio que están dejando tantos dirigentes inescrupulosos que no han tenido límite en sus desmedidas ambiciones de poder.

Es la hora de la unidad conservadora. Es la hora de aglutinar una fuerza conservadora capaz de organizarse conforme a las más estrictas exigencias de los tiempos modernos, que se cohesione bajo los principios de Dios, Orden y Justicia, y que cuente con una disposición de servir a Nicaragua en función de las necesidades nacionales. Será hasta entonces que se tendrá una verdadera opción política que pueda competir con posibilidades de éxito.

El proyecto de “la unidad” debe llevarse a cabo con seriedad y con profesionalismo. Deben establecerse reglas bien claras para que exista orden, transparencia y democracia en el ejercicio político interno y, así, evitar que se den las escisiones partidarias, que, en el pasado, han caracterizado al conservatismo. Debe elaborarse un nuevo proyecto político que tenga la credibilidad suficiente para que sea aceptado tanto por los empresarios como por los asalariados y el resto de la población en general. Actualmente, dentro y fuera de las filas conservadoras existen suficientes ciudadanos que han compartido y que comparten los ideales que, dignamente, ha representado la bandera verde, juntos, suman la mayoría de la población. El gran reto del Partido Conservador será convertir estas coincidencias políticas, en votos. Se toma o se deja, el chance está ahí.

* El autor es directivo nacional, Partido Conservador.
hjcuadra@hotmail.com  
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