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SáBADO 12 DE OCTUBRE DEL 2002 / EDICION No. 22879 / ACTUALIZADA 02:30 am
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En busca de la verdad histórica

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Justo Pastor Ramos

Nicaragua y América en particular recuerdan hoy 510 años del “Descubrimiento”, suceso histórico y profundamente polémico que por su naturaleza nos invita a un análisis reflexivo. El arribo de Cristóbal Colón a la Española el 12 de octubre de 1492 y sus siguientes consecuencias es visto, por unos, como un suceso trascendente de la vida de los pueblos americanos pues representó la ósmosis de un nuevo estado de cosas que irremisiblemente concluye en la fusión de dos culturas en la que una de ellas, de modo peninsular, con una filosofía religiosa muy diferente a la de los naturales, desde los púlpitos de los conventos realiza la conquista espiritual enseñando que “Jesucristo, el hijo de Dios, es nuestro Dios y el Rey de España, nuestro Señor”.

Para otros, representa el Génesis del sometimiento, del despojo de la individualidad humana, la violación de los derechos y de la libertad, y, con ello la pérdida de la vida y la posesión de la tierra. En el caso nuestro, recordamos a Gil González en 1522 declarando la guerra al Cacique Nicarao mediante el “requerimiento” que en su parte medular decía: “y si no hicieres y en ello dilación maliciosamente pusieres, certifico que con la ayuda de Dios, nosotros poderosamente haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéremos”.

Declaración que evidencia la razón del sometimiento y el ultraje. Si bien es cierto que el “Descubrimiento” promueve la transformación social y cultural del Nuevo Mundo, también no se puede obviar que el enfrentamiento del europeo racionalizado culturalmente, impone al primitivo aborigen la guerra como medio para someterlo, ejecutando sobre él, el genocidio más inhumano que las páginas de la historia americana recogieron para la posteridad.

Los viejos teites y sus guerreros cayeron vencidos; el cantar de los Netzahualtcóyotl, Tutecotziní y Nicaraguas se ahogó entre la verde montaña con el rugir del cañón del conquistador que a la vez se convierte en “El Encomendero”, amo y señor de la vida de los conquistados, que apropiándose de sus tierras y sus mujeres, con lujo de crueldad imponen su voluntad con acciones censurables, las que conociendo la Corona Española envía en 1544, a las tierras conquistadas de América, “Las Nuevas Leyes de España” disolviendo las “Encomiendas”, las que contemplan en su normativa tres puntos importantes que benefician a los naturales:

1.– Reducción de los indios en poblaciones semejantes a las españolas.

2.– Derecho a la administración del gobierno.

3.– Derecho a la propiedad comunal de la tierra.

Bajo este nuevo concepto jurídico nacen “Las Comunidades Indígenas” constituyendo un conglomerado hegemónico participando en las decisiones de los asuntos políticos, los que vienen a borrar las huellas de la división prehispánica de la tierra en el espíritu de la nueva sociedad indígena, pero a mitad del siglo XVII, el estado de dominación europea, la acumulación territorial en poder de las órdenes religiosas, las viejas encomiendas, especuladores de tierra, defraudadores europeos que con intereses preconcebidos contraían matrimonio con las hijas de familias nobles o principales indígenas llegan a crear un latifundio inmenso que da lugar al sistema hacendario transformando notablemente la economía y la particular fisiografía y promoviendo la metamorfosis del indígena en peón, al que se le disminuye sus posesiones y su sistema agrario en medio de violentos acontecimientos y arrebatos.

La Colonia en esta situación impulsa estratégicamente nuevas estructuras sociales y culturales, como los Consejos de Ancianos, los Alcaldes de Vara, las Cofradías, los Cuadros o Hermandades y las Juntas de Cementerio para apagar en el sentimiento indígena el malestar que, además de la reducción de sus tierras, les causaba el pago del tributo, el trabajo forzado, la nueva política de la tenencia de la tierra y la forma de organización social existente.

Esto obligó también a Felipe V en 1720 suprimir definitivamente “Las Encomiendas”, conmovido por las acciones que los encomenderos ejercían sobre los indígenas.

De esta manera se escribe en la historia de América, la razón de la lucha de la sociedad indígena que pagó con su vida el derecho a sus tierras, a su dignidad y a su libertad. Hoy en nuestros días esto constituye el debate en cuanto al contexto en que se enmarcó el Descubrimiento de América que siempre mayoritariamente se considera como un símbolo particularmente valioso en lo que concierne a la Conquista. Es aquí donde la historia nos invita a buscar la verdad, la que unos y otros debemos aceptar, aunque no siempre resulte agradable. El pasado puede tener analogía a un Jardín de Cactos: tiene su encanto y sus espinos; por igual puede resultar inspirador pero también punzante. Lo ideal entonces sería que todos los hombres, conscientes de nuestro destino, uniéramos esfuerzos y corazones y llenáramos esta tierra tan codiciada y tan amada de amor verdadero, haciendo énfasis en lo que dijera el salmista: “Los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz”.

El autor es historiador.  
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