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SáBADO 12 DE OCTUBRE DEL 2002 / EDICION No. 22879 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Blanco y negro
El nefasto diálogo o empacho de atol

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Eduardo Enríquez
eduardo.enriquez@laprensa.com.ni

¿Cuántas veces vamos a dejar que nos den atol con el dedo? En este país parece que para participar en política es requisito el oportunismo y la falta de pantalones. Nada ha sido tan nefasto en la política nacional como esa manía de concertar componendas entre caudillos que nos llevan, precisamente, a situaciones como las que vivimos hoy. O es que nadie se da cuenta que la paralización institucional actual es resultado directo del diálogo entre Arnoldo Alemán y Daniel Ortega, que desembocó en el pacto del 2000.

Pero es asombroso cómo la gente, sin chistar, acoge un diálogo que es convocado, e inmediatamente apoyado, por las dos personas que nos dieron atol con el dedo hace apenas unos años.

El nuevo llamado de Ortega al diálogo “con el gobierno indiscutiblemente a la cabeza” me recuerda al diálogo mampara que Alemán montó en el Olof Palme en 1998, paralelo al verdadero diálogo en El Crucero. Una mampara tan burda que fue públicamente denunciada por el doctor Roberto Calderón, entonces presidente de Ética y Transparencia.

El verdadero diálogo se viene dando desde la semana pasada, cuando Alemán, Ortega y el Cardenal Miguel Obando acordaron salvarle el pellejo a Roberto Rivas.

El otro diálogo, al que ahora convoca Ortega, va a ser una Torre de Babel con todo mundo: sindicatos, empresarios, productores, organismos de la sociedad civil y micropartidos volcando una andanada de demandas sobre el gobierno, mientras los caudillos hacen y deshacen en la sombra.

Y la agenda de los caudillos ya está clara: elección de sus magistrados a la Corte Suprema, la garantía del bipartidismo en el Consejo Supremo Electoral y una Contraloría obediente, además de uno que otro provecho personal de los dos dueños de los partidos. Es simplemente una reedición del pacto anterior.

Uno podría hasta llegar a entender a Ortega por volver al pacto con Alemán. El presidente Enrique Bolaños no ha podido, en 10 meses, armar su muñeco y presentarse como una alternativa a ese Pacto que ha oxigenado a los sandinistas y les ha dado participación en el Poder. Y Ortega tiene que garantizar que sus espacios no se disminuyen, esa es su realidad. Pero nuestra realidad es otra.

Si el pacto se reedita, hasta ahí llegó la lucha contra la corrupción y este gobierno quedará sitiado por los próximos cuatro años, cuando, según la esperanza de los dos caudillos, ellos se volverán a presentar como opción electoral.

Difícilmente me puedo imaginar un panorama más negro. Pero los caudillos están confiados en que se puede. Ya nos dieron atol con el dedo una vez y los votantes los premiaron con el control total de la Asamblea Nacional, ¿por qué no una segunda vez?

Mi única esperanza está en los más de 800 mil ciudadanos que firmaron contra la corrupción.

Esos ciudadanos deben entender que la corrupción de Arnoldo Alemán no hubiera sido posible sin el pacto con Daniel Ortega, y que no es necesario esperar hasta las elecciones para detener todo el daño que estos dos individuos nos han causado y nos están causando, porque si dejamos que nos sigan dando atol con el dedo, señores, nos merecemos el empacho.  
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