Reportaje especial
Se multiplica el drama de “Quincho Barrilete”
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 | En 1977, el mundo conoció a través de una canción la heroica historia de un niño trabajador nicaragüense, que encarnaba la imagen de la niñez de la Latinoamérica de las dictaduras militares: “Quincho Barrilete”; 25 años después, lo heroico ha dado paso a lo dramático |
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José Adán Silva joseadan.silva@laprensa.com.ni
Tuvo “Joaquín Carmelo” la dicha de nacer en el Open Tres, cuando en las calles de Managua todavía los niños no morían asidos a un vaso de pega, ni robaban para comprar crack; muy poco se corría la mala suerte de caer en manos de un pervertido sexual o terminar sus días con la incursión en sus carnes del plomo o el metal de una pandilla criminal.
En aquella época de utopías sociales y dictaduras, nació en forma de canción, la historia del primer niño de la calle en Latinoamérica: “Quincho Barrilete”. Y nació también en octubre de 1977. Un mes después, el 12 de noviembre, Nicaragua por primera y única vez, ganó un festival internacional de la canción OTI.
Carlos Mejía Godoy es el cantautor de más de cien composiciones musicales, entre ellas “Quincho Barrilete”, “Piolín” y “Juancito Tiradora”, dedicadas a la niñez. A través del programa televisivo “El Clan de la Picardía”, se dedica a rescatar valores de la tradición infantil nicaragüense, como son los juegos de trompo, barriletes, tiradoras, juegos de palabras y otros, apolillados en la memoria colectiva por la invasión de los video-juegos, las drogas, la pobreza y el fenómeno de las pandillas.
Atraído por la efervescencia política de la época de la dictadura de la familia Somoza, que manifestó a través de la música testimonial, Carlos conoció un día la desgracia de una familia marginal del barrio Open Tres, hoy municipio de Ciudad Sandino, que le cambió la vida.
Para entonces ya había ganado varios festivales latinoamericanos con canciones sociales y logrado, junto a la fama atraer la animadversión del régimen de Somoza, que lo tildó de guerrillero comunista.
AQUEL “TAL OTI”
En 1977, Carlos estaba en España disfrutando del éxito “Son tus perjúmenes mujer”, una canción de ritmo alegre que por varios meses desplazó de los primeros lugares a ídolos juveniles como Julio Iglesias y Camilo Sesto.
En septiembre de ese año regresó al país a trabajar como creativo de una empresa de publicidad, donde un día llegó un conocido publicista a buscar información sobre las bases que deberían regir las eliminatorias nacionales “de un tal concurso OTI”.
De paso le preguntó por qué no participaba: “me mata la Guardia”, le dijo Carlos, quien inicialmente no se sintió atraído por el concurso, ya que pensaba regresar a España a grabar nuevas canciones.
“Pero al suave, se me fue metiendo la idea de participar. Le digo a mi esposa, Eveling Lang, que quería participar, pero con esto de que ya soy conocido, me van a bloquear la canción, y hasta preso me pueden echar”, relata. Su esposa lo animó, y él, sediento de una excusa, aceptó. Eveling, quien falleció años más tarde, le buscaría por medio de un amigo el permiso para salir del país.
Por esos días Carlos visita una familia marginal del Open Tres, a la cual una asociación de damas notables de la sociedad, organizadas en un movimiento de Derechos Humanos, le lleva ayuda humanitaria, conmovidas por la desgracia de unos niños abandonados en una humilde casa de madera y plástico, piso de tierra, sin agua ni luz, sin más muebles que un catre viejo, una mesa y un taburete.
VALENTÍA INFANTIL
Eran los hijos de Apolonio Martínez, un obrero preso en las cárceles de la Aviación acusado de colaborar con las guerrillas. Al saber que al hombre lo estaban torturando, ellas hacen una campaña por su familia, sobre todo porque la mujer del reo, la cual salió a la calle a buscar comida para sus hijos, murió aplastada por un camión militar, en un accidente sospechoso que hizo que las damas notables intensificarán su campaña de solidaridad con los hijos del malogrado matrimonio.
“Eran tres criaturas, una niña y dos niños, que no tenían ni qué comer”, relata Carlos, quien recuerda que mientras escuchaba a las mujeres hablar sobre cómo ayudar a los niños abandonados, ve cómo un niño seriecito, desenrolla un ovillo de hilo”.
“El niño, que no sabe ni en qué andamos, trata de elevar el barrilete, pero lo tiene roto y no puede. Una señora que andaba una cinta de ‘tape’ en su cartera, se la dio y el chavalo compuso el barrilete con una habilidad increíble para su edad, era un chigüín que no llegaba ni a los siete años”.
“Mientras ellas siguen discutiendo, él eleva su barrilete, pero se le pega en un palo de tigüilote; yo estoy oyéndolas, pero estoy viendo aquella escena; de repente veo que el niño se sube al árbol, se guinda de una rama, desenreda el hilo, y libera el barrilete ¡chavalo jodido! se va matar, digo yo, pero el cipote ya viene bajando con cara de felicidad y entonces todos nos ponemos alegres de verlo cómo con valentía, el jodidito luchó por liberar de la opresión de las ramas su juguete favorito”.
NACE UNA CANCIÓN
Una semana después, metido en un carro mientras espera que su esposa le gestione el permiso de salida, a Carlos le viene la idea de la canción. Echa un vistazo a la realidad social del país y ve a los niños inocentemente vendiendo cosas en los buses, lustrando zapatos en las esquinas y combinando los juegos infantiles, mientras buscan algo que llevarle a sus familias.
Ve ahí a “Joaquín Carmelo” (nombre ficticio con que bautizó al niño, para proteger su identidad), y lo recuerda serio reparando su barrilete, echándolo a volar y valientemente liberándolo de las ataduras. Lo conoce, sabe su historia y no la deja ir. “Quincho”, apodo popular que se le dice a los que se llaman Joaquín, ha nacido y lo acompaña su barrilete hasta España, donde gana el primer lugar del Festival OTI.
SIN OPORTUNIDADES DE PROGRESO DIGNO
A 25 años de la proeza musical, Carlos Mejía Godoy, autor y compositor de la canción, nos narra la coyuntura de la historia del admirable personaje infantil, y a la vez, reflexiona sobre la cruda realidad social que afecta hoy a los niños trabajadores nicaragüenses.
— ¿Cuál era la situación del trabajo infantil de aquellos años?
“No igual que ahora, eran niños sanos. No había esa mezcla de trabajo-mendicidad. Eran chavalos vendiendo, no robaban ni pedían”.
— En una de las partes de la canción usted escribe que los niños de Nicaragua eran ejemplos vivos de pobreza y dignidad. ¿Mantendría esas palabras si Quincho existiera en esta época?
“Lo que pasa es que aún hay niños en la calle trabajando sanamente, pero son muy pocos. El otro día estaba en Masaya cantando como a las 8 de la noche, y a esa hora todavía había chavalos vendiendo, cuando deberían estar dormidos. Un niño en la calle, con mucho pesar debo decirlo, se termina descomponiendo si no se le cuida y aconseja a tiempo, lamentablemente hay muchos niños y poca ayuda, y todos sabemos cómo termina la mayoría”.
— Usted dice en la canción que el nombre de Quincho no se olvidará, porque en las calles, plazas, parques y barriadas, el pueblo lo repetirá ¿Cree que logró su cometido?
“Yo pensaba que el trabajo de los niños de entonces no iba tener perennidad, que en un mañana cuando los niños no tuvieran que trabajar más, a Quincho se le iba recordar como alguien que sacrificó su niñez por causas sociales justas. Esto fue sin imaginarme que en vez de mejorar la vida de los chavalos, iba empeorar. Yo creía en una revolución triunfante, en la que iba existir una transformación social, donde ya no iban existir niños en situaciones de riesgo, pero desgraciadamente vino toda la debacle, y más bien se han multiplicado”.
— ¿Qué diferencia encuentra entre aquella niñez de Quincho, y la de hoy?
“Hoy existe más pobreza y una descomposición social brutal. En la medida que las políticas económicas internacionales se van imponiendo a los países pobres, creando sociedades de supervivencia, la sensibilidad se va perdiendo y los niños van siendo abandonados en las calles. Es triste, porque estos niños, sin estigmatizarlos verdad, son potenciales pandilleros, y representan la futura generación sin oportunidades de un progreso humano digno”.
— ¿Qué pasó con el niño que le inspiró la canción?
“No sé qué se hizo. Vino la guerra y tuve que salir del país, porque estaba en la lista negra de la Guardia, me podían matar. Sin embargo me gustaría saber de él, verlo y saber qué hizo de su vida. Tampoco supe de Apolonio, quizás murieron en la guerra”.
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