¿Aguantará Chávez?
Cuando una cantidad inmensa de personas protesta voluntaria y pacíficamente en las calles de una ciudad, es señal de que algo de gran significación política está ocurriendo. Y eso es lo que sucedió el jueves pasado en la ciudad de Caracas, Venezuela, cuando más de un millón de venezolanos marcharon por las calles para exigirle al presidente Hugo Chávez que dimita y que llame a elecciones anticipadas ya para que el pueblo decida si debe él seguir al frente del gobierno o no. Pero Chávez insiste en que son solamente “grupos minoritarios” los que están en contra suya.
Se recordará que hace seis meses hubo un fallido golpe de estado en Venezuela que depuso a Chávez por unas 48 horas. Se pensó que después de ese suceso el presidente venezolano honraría sus promesas de corregir los graves errores que estaba cometiendo. Pero no ha sido así. Antes bien, continúa llevando al país por un derrotero que día a día hunde más al pueblo venezolano en la desesperación económica. De poco o nada le sirve a los venezolanos que su país sea el quinto exportador de petróleo más grande del mundo. La gente que puede sigue emigrando, y el capital continúa buscando países más seguros donde guarecerse.
El mismo día de la marcha, el presidente Hugo Chávez recibió una llamada telefónica del secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, quien le manifestó estar “preocupado” por la situación política. Chávez, con la arrogancia típica de quien no quiere ver la realidad, le respondió que no se preocupara porque “todo está normal”.
No obstante, la oposición en su contra crece y se está volviendo cada vez más inquieta, al punto de que algunos dirigentes de la manifestación del jueves pasado —que fue convocada por la Central de Trabajadores de Venezuela (CTV) junto con Fedecámaras, la más grande organización empresarial del país— fue más allá de solo pedirle al presidente que renuncie y que convoque a elecciones anticipadas. De hecho, el presidente de la CTV, Carlos Ortega, le puso un ultimátum: si para el próximo miércoles no ha cumplido con lo demandado, tendrá que afrontar una huelga nacional el 21 de este mismo mes. Los de Fedecámaras, sin embargo, no parecen estar de acuerdo con un paro tan pronto y resienten que el dirigente sindical haya hecho una demanda que no había sido acordada de previo. Esa discrepancia de opiniones podría afectar la unidad del movimiento contra Chávez. Se rumora incluso que es el mismo Chávez el que quiere que la huelga se dé ya porque considera que podría manejarla y aprovecharla para dividir a sus oponentes.
Es interesante observar que todo ese descontento con un presidente populista y enemigo del capital y del mercado está ocurriendo en Venezuela justo cuando su vecino Brasil parece estar próximo este 27 de octubre a llevar a la presidencia de la república a otro izquierdista y populista como es Luiz Inácio “Lula” da Silva.
En un artículo del director de la agencia AIPE, Carlos Ball, que publicamos en nuestra edición de ayer, el autor —que por cierto es venezolano— se lamentaba de que “Desde mediados de los años 60, cada presidente venezolano resultó peor que su antecesor”, pero al mismo tiempo se autoconsolaba diciendo que pareciera que esta vez “por fin tocamos fondo”, sugiriendo que Chávez es lo peor que le puede haber ocurrido a Venezuela. No obstante, Ball considera que nada remoto sería que una vez más se desperdiciara la oportunidad que se abrirá en la inevitable época postchavista, y dice que “Si los venezolanos no se dan cuenta que el verdadero reto es establecer el imperio de la ley y la libertad económica, el sucesor de Chávez pronto retomará el camino al infierno”. Coincidentemente, otro venezolano, Luis Henrique Ball, en un artículo publicado ayer mismo en el diario El Universal, de Caracas, manifestaba un preocupación similar. Decía: “Hoy, los venezolanos debemos estar atentos y asegurarnos que una vez superada la actual pesadilla no vayamos a regresar al pasado”.
Es más fácil decirlo que hacerlo, obviamente. Pareciera que a los latinoamericanos nos cuesta aprender de los errores del pasado. Aún así, le deseamos suerte al pueblo venezolano. 
|