Desnudos en Granada
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 | Obras de dos pintores de Austria que derribaron los tabúes para destacar la sensualidad femenina, se presentan hoy en la Casa de los Tres Mundos |
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Milagros Sánchez Pinell milagros.sanchez@laprensa.com.ni
A través de la historia la sensualidad femenina ha sido un elemento de inspiración para los artistas, y los pintores austríacos Gustav Klimt y Egon Schiele no fueron la excepción. Son considerados los maestros del erotismo.
Alrededor de sesenta de sus pinturas serán expuestas a partir de hoy en la Casa de los Tres Mundos en Granada hasta finales de esta semana, la mayoría de las obras con elementos eróticos y otros son retratos de la época en las técnicas de acuarela, tiza negra, lápiz, pintura opaca, y reproducciones de grabados en piedra.
Fernando López, de la Fundación Tres Mundos, dijo que las pinturas no necesitan explicación, basta con conocer sus nombres para saber de qué se trata, como: “Desnudo femenino con pañoleta amarilla”, “Dos pequeñas muchachas”, “Joven campesina”, “Cabeza femenina con sombrero de alas anchas”, “Muchacha en vestido amarillo”, “Medio desnudo femenino boca abajo, hacia la derecha”, “Desnudo femenino visto de espalda”, “Retrato de medio cuerpo de una dama con cuello de piel”.
“Son pinturas muy bonitas que vendrán a escandalizar Granada”, dijo López en tono jocoso.
Otros de sus trabajos son: “Autorretrato de Egon”, “Jarras rústicas”, “Autorretrato como prisioneros”, “Franz Hauer”, etc.
Según datos biográficos, el pintor Gustav Klimt rompía con el arte establecido y buscaba nuevas formas de expresión a finales de 1800 e inicios de 1900. Este artista idealizó en sus obras las mujeres que amó, transformándolas en el centro de cuadros que se mezclan con las técnicas bizantinas de orfebrería y plasmadas como cuerpos rebosantes de sensualidad.
No cabe duda que Klimt rompió los cánones de su época e incluso retrató a sus modelos en poses de explícita sexualidad, solas o en compañía, suspendidas y aisladas en su propio goce.
Junto a él, aunque tomando caminos distintos, estuvo su hijo adoptivo y discípulo Egon Schiele, quien en su corta carrera se sumergió en las zonas más oscuras del ser humano.
Ambos artistas se unieron por una necesidad de renovar el ambiente artístico y derribar viejos tabúes, quienes se sintieron fascinados por la sensualidad femenina.
En tanto, Schiele se enfrentó también a todos los tabúes de su tiempo. En su época fue considerado un pornógrafo y perseguido por su arte del sexo explícito, por lo cual lo sentenciaron a prisión. Sus obras a partir de 1960 se comenzaron a valorar cada vez más por la maestría y economía de líneas de composiciones. Ambos artistas fallecieron en Viena en 1918. 
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