Nicaragua ante una gran oportunidad
Violeta B. de Chamorro
Entre tantas mujeres y hombres nicaragüenses que trabajan por el bien de Nicaragua, la Universidad Nacional de León decidió entregarme el título honorario de Doctorado Honoris Causa, a mí, que sólo soy graduada de la universidad de la vida, y lo acepto con humildad.
Me siento emocionada que esta institución académica, Alma Mater de grandes generaciones de políticos, profesionales e intelectuales nicaragüenses, haya puesto sus ojos en esta ciudadana.
Como ustedes saben, después de haber cumplido mi misión en la Presidencia de la República, estoy alejada de la política activa.
Después de seis años y nueve meses de servirle honradamente a Nicaragua, regresé a mi misma casa, y ahora salgo poco, pero hice una excepción para venir a León esta tarde.
Durante mi presidencia, serví con amor y devoción por la paz, restauré las libertades públicas y la democracia, y trabajé con transparencia por el progreso social y económico.
En mi gobierno prioricé el esfuerzo por edificar nuevas instituciones.
Hoy he venido a esta Universidad, no sólo a agradecer esta distinción, sino para reconocer en este Doctorado el aporte de esta Universidad en la construcción de nuestras instituciones, sus leyes y códigos, que han servido para diseñar la República de Nicaragua que deseamos consolidar.
Que Nicaragua vuelva a ser República, es el ideal que yo recogí de mi esposo Pedro Joaquín. Ambos compartimos siempre ese ideal con esta casa de estudios, forjadora de líderes con ideales republicanos, y semilla de otros centros académicos en Nicaragua y Centroamérica.
No es fácil construir las bases de una República Democrática. Por mi mente pasan a diario los recuerdos de lo que nos costó reconstruir la institucionalidad de Nicaragua en 1990, alcanzar la paz, la desmovilización de los alzados en armas, la reducción y profesionalización del Ejército, e iniciar la reconciliación entre todos nosotros.
Recuerdo siempre lo duro que fue derrotar la inflación, gastar menos en las oficinas del Gobierno, garantizar por primera vez el 6 por ciento a las universidades, abrir bancos privados, devolver empresas confiscadas, privatizar otras a favor de los trabajadores, y reducir la deuda externa a la mitad.
Lo que sí fue fácil para mí, y lo digo con orgullo, “fue garantizar las libertades públicas”.
Establecí como norma de Estado una política de tolerancia hacia la libertad de prensa, y trabajé por la independencia de los Poderes del Estado.
Y cuando las resoluciones judiciales nos fueron adversas, las acatamos sin vacilación.
Bajo mi Gobierno, Nicaragua cambió mucho, y avanzó hacia la modernidad democrática. Pero no crean que hice sola esta gran tarea. Supe acompañarme de un pequeño grupo de hombres y mujeres de todas las corrientes políticas, que siempre me respaldaron, me apoyaron con lealtad y dedicación para convertir en realidad los sueños de todos los que se sacrificaron por una Nicaragua mejor.
Por eso hoy también recibo este Doctorado Honoris Causa en nombre de todos ellos para quienes van, desde esta Universidad mis sinceros reconocimientos y mi profundo agradecimiento. Lo recibo también en nombre de un pueblo que con gran paciencia y comprensión supo entender que mi tarea era poner las bases de la democracia y el progreso, las de la reconciliación nacional y de una República en libertad, respeto y tolerancia.
Lamentablemente, en las nacientes democracias, como la nuestra, se corre el riesgo de que algunos políticos sean electos por el voto popular y después, en nombre de la gobernabilidad, degeneren la democracia en gobiernos corruptos y autoritarios, como ocurrió con mi sucesor.
Afortunadamente, ese gobierno terminó en enero de este año. Y aunque su paso por la Presidencia de Nicaragua es hoy de triste recordación, es una tragedia que debemos convertir en una nueva oportunidad para Nicaragua.
Celebro que el nuevo gobernante, el presidente Enrique Bolaños, haya decidido volver al camino perdido para afianzar la democracia, y que haya ordenado investigar a los que saquearon las arcas del Estado para que prevalezca la justicia.
Saludo a las mujeres valientes del Poder Judicial que han sabido poner la ley por encima de los temores y las presiones del poder político.
Y aplaudo la decisión acertada de una mayoría de diputados de la Asamblea Nacional, que están rescatando el decoro de ese poder del Estado, para que no sea ocupado como escudo para evadir la justicia.
En todo este proceso, mis amigos periodistas y los medios de comunicación han jugado un papel muy destacado. Esto confirma que la Libertad de Prensa se ha consolidado como la piedra angular de nuestra democracia.
Nicaragua tiene hoy la oportunidad de institucionalizar la justicia logrando que todos, sin excepción, puedan ser sometidos al imperio de la ley. Una justicia sin privilegios para nadie, más que los que estipulen nuestras leyes y reglamentos.
Pero Nicaragua tiene retos más difíciles y complejos, y sólo podemos enfrentarlos unidos.
La unidad nacional alcanzada en la lucha contra la corrupción, debería seguir creciendo no sólo para responder a las demandas de justicia del presente, sino las de un Estado de Derecho verdaderamente democrático; un Estado progresista en lo económico y más justo en lo social.
Por eso también recibo este Doctorado Honoris Causa con la esperanza de que ahora que hemos dejado atrás una vieja era, continuemos trabajando todos juntos. El gobierno, la sociedad civil, partidos políticos, empresarios, productores, trabajadores, universitarios y ciudadanos, para construir una Nicaragua pacífica y democrática. Un país libre de caudillos y libre de bipartidismos forzados.
Confío en que la Comunidad Internacional se sumará una vez más, con renovado entusiasmo y con plena confianza, “a esta nueva jornada nacional en favor de nuestra reconstrucción democrática y económica”.
Espero que comprenderán que aún sufrimos las consecuencias de cinco años de terremoto institucional, más una guerra ya olvidada pero que nos hizo retroceder años enteros en nuestro desarrollo.
Una vez más quiero expresar mi más sincero agradecimiento a todos ustedes.
Al Rector Ernesto Medina, a Carlos Hernández, vicerrector, a los distinguidos miembros de las distintas facultades.
A todos y cada uno de los estudiantes y trabajadores de esta gran Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua.
Me honra ser el primer Presidente de Nicaragua, ahora ex Presidente, que en 190 años de historia de esta Universidad, recibe tan alta distinción.
Y la recibo convencida de que el compromiso de la UNAN-León es darle un nuevo empuje a la democracia, a la institucionalidad del país, causas a las que me entregué a servir con generosidad y entrega.
Que Dios los bendiga a todos.
Que Dios proteja a esta universidad y saque adelante nuestro país.
La autora es ex Presidenta de Nicaragua. Discurso pronunciado con motivo de recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua-León el 7 de octubre de 2002. 
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