El comunicado de monseñor
El Gobierno Eclesiástico de la Arquidiócesis de Managua de la Iglesia Católica, aclaró oficialmente (el texto íntegro del comunicado suscrito por monseñor Eddy Montenegro lo publicamos hoy en esta misma sección de Opinión) que el Cardenal Miguel Obando Bravo no tuvo nada que ver con el arreglo del viernes pasado en el Consejo Supremo Electoral (CSE).
Como se sabe, después de tres meses de acefalía el CSE reeligió como su presidente al doctor Roberto Rivas Reyes, al mismo tiempo que la Contraloría sustituyó una resolución de responsabilidad penal en contra de Rivas, por haber hecho donaciones con fondos públicos, con una simple determinación de responsabilidad civil. Pero un día antes el cardenal Obando se había reunido con el jefe del FSLN, diputado Daniel Ortega, lo que produjo la percepción pública de que en dicha entrevista se había concertado el acuerdo del CSE, o que al menos el jefe sandinista lo había puesto en conocimiento de Su Eminencia.
De todas maneras, nos satisface saber que no hubo tal acuerdo y mucho menos para hacer una componenda politiquera como la que se hizo en el CSE, con la que se remachó la subordinación de esa institución a los intereses partidistas libero-sandinistas.
Comprendemos que el cardenal Obando no puede negarle una audiencia a nadie, ni siquiera al jefe sandinista, y que, por el contrario, debido a la autoridad espiritual que representa Su Eminencia tiene que atender “a toda persona de cualquier estado o condición”, tal como señala monseñor Montenegro en su comunicado. Pero lamentablemente, la reunión del cardenal con el líder sandinista coincidió con la reelección del doctor Roberto Rivas y con la información de que los contralores habían decidido sustituir la responsabilidad penal con una simple responsabilidad civil.
De manera que la aclaración de monseñor Montenegro nos motiva a suponer que Ortega pudo haber hecho coincidir su visita al cardenal Obando con la realización de la componenda en el CSE, para proyectar al público la percepción de que Su Eminencia habría participado en el acuerdo para la reelección del doctor Roberto Rivas Reyes —quien es una persona allegada al Arzobispo de Managua— en la presidencia del Consejo Supremo Electoral.
En realidad, las informaciones y comentarios que se hicieron en los medios de comunicación independientes acerca del supuesto acuerdo entre el cardenal Obando y Daniel Ortega, no fueron motivados por una intención malévola de falsear los hechos ni de ofender o injuriar a Su Eminencia, sino porque públicamente se tuvo la percepción de que había un acuerdo entre ambas personalidades públicas, máxime que un dirigente de la alianza pro sandinista Convergencia Nacional informó que un representante de Daniel Ortega —el general Alvaro Baltodano— les había dado a conocer el supuesto pacto para “destrabar” la situación en el Consejo Supremo Electoral.
Monseñor Eddy Montenegro tiene razón al señalar que “la libertad informativa consiste en poner en conocimiento del público hechos, pensamientos y opiniones que respondan al criterio de interés general”, y que, “sin embargo, la información conlleva el elemento sustancial de la veracidad”. Pero el ejercicio de la libertad de información no se puede limitar a transmitir mecánicamente los hechos ocurridos, ni a presentarlos según las conveniencias de los personajes públicos que los protagonizan, sino que presupone e inclusive obliga al análisis, la investigación y la interpretación, lo que no significa inventar nada ni hacer insinuaciones maliciosas contra nadie.
En todo caso, consideramos que es positiva la recomendación que hace monseñor Montenegro a los medios de comunicación, para que “asuman su noble función de formar opinión pública basada en la verdad y la justicia respetando siempre y en todo momento la dignidad humana y los derechos humanos”. En realidad, los operadores de los medios de comunicación no podemos pretender que siempre tenemos la razón y que no cometemos errores en el desempeño de nuestras labores informativas.
Nosotros siempre estamos dispuestos a atender las críticas y recomendaciones que se nos hacen de buena fe, porque sentimos que nos ayudan a evaluarnos con sentido auto crítico, cual es nuestra obligación a fin de enriquecer sistemáticamente el contenido profesional y ético del trabajo que realizamos, y para servirle al público —que es al que nos debemos— de la mejor manera posible. 
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