¿Tiene el peatón siempre la razón?
Ernesto González Valdés egonzav@uam.edu.ni
Ya he escrito —hace meses— artículos sobre la necesidad de una educación vial adecuada, la cual sea asimilada por nuestra población en general. Existe un refrán que dice: ‘el que persevera triunfa’, por tanto vuelvo a la carga.
El hecho que sea un docente y sobre todo en las Ciencias Naturales y en particular en la Química, me obliga siempre a pensar en la parte experimental, ¿me acompaña en el siguiente experimento? (aclaro que el ensayo no es sólo para el que conduce, cualquier persona inclusive desde la propia parada del bus, puede observar la descripción de lo que narraré a continuación, como pasos o etapas para el desarrollo de la experiencia).
Materiales o reactivos necesarios: el observador (usted el lector), una señora, un taxista, un conductor (importante condición: que maneje despacio).
Lugar donde se realizará la experiencia: Cualquier calle de la ciudad de Managua.
Pasos para el experimento:
Experimento I
1. (Para el observador–lector) Mientras espera su ruta, gire su cabeza con un giro de 1800 que le permita observar de extremo a extremo de la calle donde usted se encuentra en el centro.
2. Posiblemente aparezca alguna señora imprudente cruzando la calle a una velocidad que pudiéramos llamar semiprudente, entiéndase entre el terror y la osadía, que a pesar de su edad (más de 50 años) sortea los vehículos en movimiento con una agilidad de una “joven” de 30 años, como si estuviese bailando Palo de Mayo con el grupo Macolla.
3. Observe cómo de la nada se escuchan improperios de un taxista (o de varios, aunque debe quedar claro que hay taxista de taxistas, para evitar el malestar del gremio de trabajadores de este ramo), que siempre andan apurados, y que no detienen la marcha, donde alguno que otro hasta sonríe amenazando a la “dama” del paso número 2.
4. Compruebe ahora: ¿Cruzó la señora a tiempo?, ¿El corazón de la señora y su presión corporal eran normales en ese momento? Observe y anote.
5. Compruebe ahora: ¿El taxista, qué conducta tomó: aceleró al ver a la señora, frenó bruscamente, o por venir a una velocidad moderada, disminuyó la velocidad a tiempo? Observe y anote.
6. Conclusiones: Una imprudencia, puede cambiar su vida en cuestiones de segundos.
Experimento II
1. Repita el paso 1 del experimento I, pero en este caso centre su atención en el semáforo de la esquina.
2. Entre el cambio de una luz roja y otra, ¿cuántos vehículos violan tras la señal de la luz amarilla que ya parpadea?, ¿y cuántos se “vuelan” la roja? Observe y anote.
3. Conclusiones: ¡Qué falta haría más policías de tránsito en nuestra ciudad!
Experimento III
1. Usted en estos momentos va manejando (es el conductor) (por tanto no vaya leyendo mi artículo en este instante, peligroso, se lo aconsejo para que luego no me reclame), viene en una calle que tiene preferencia, donde se desplaza suavemente.
2. De pronto ve asomarse un taxi, que a una velocidad increíble sale de una calle perpendicular a la suya, y que doblando en la propia dirección que usted lleva, irrespetuosamente nos saluda mediante una columna negra de humo que sale del tubo de escape.
3. Observó el rostro del taxista, ¿miró hacia usted previamente antes de doblar?, ¿lo ignoró? Observe y anote.
Conclusiones generales: No todos respetan las leyes del tránsito. Es mejor honrarnos vivos, que muertos por accidentes de tránsito. 
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