Dios te abrió sus puertas
(Con mucho amor para Tina Montenegro)
Amiga mía: qué dolor me causa tu partida. Fuiste la madre, la esposa y la amiga fiel y ahora que Dios te llamó para estar con Él tendrás toda la dicha que tienes merecida.
Te quise tanto, por tener tanta nobleza te admiré porque jamás te doblegaste y a pesar de pasar por lo que tú pasaste siempre llevaste muy erguida tu cabeza.
Fuiste una gran dama, porque así naciste. Siempre dijiste: ‘Vale el pájaro por su plumaje, no por la jaula’, yo que te conocí bien, soy la que hoy habla y sé bien, que una jaula de oro nunca pediste.
Yo sé cuánto sufriste, añorando tu terruño y lamías los rasguños que sangraron en silencio, me decías que mis cartas eran tu incienso y que las guardabas con amor entre tus puños.
Dios te dio tres hijos que fueron toda tu alegría y por ese amor que les tenías, les escondiste qué triste es la vejez, para no verlos tristes. Y un día me dijiste: ‘Siento que la muerte entra en mi cuarto de puntillas’.
A veces, estando vivas nos sentimos muertas no tenemos hogar, si no están cerca los hijos. A Dios rogaste por ellos, y Él te los bendijo. Ya tienes un hogar, porque Dios te abrió su puerta. 
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