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Puro cuento nicaragüense
El torturador
Nicasio Urbina
Para Beatriz Cortez Salí de la sala a la amplia terraza y caminé por el senderillo de piedra cantera hasta la piscina. La primera langosta que vi era de un rojo encendido y hermoso. Estaba nadando apaciblemente en la superficie de la parte seca de la piscina. ¿Cómo llegaste aquí serafina?, me pregunté, casi divertido por aquella visión. Luego observé con más atención el fondo y el resto del perímetro y me di cuenta que había por lo menos una docena de bichos congregados en el fondo de la piscina, como si estuvieran en reunión de cabildo. Se movían con lentitud y gesticulaban con las tenazas, abriéndolas y cerrándolas, nadando imperceptiblemente y acercándose unas a otras como si estuvieran negociando un proyecto de resolución importante. Consideré varias hipótesis, pero ninguna me convencía. Podían haber emigrado por alguna fuerza represiva que las mantenía subyugadas en su patria. Quizás eran simplemente nómadas incorregibles que no podían pernoctar muchas noches consecutivas en el mismo lugar, con lo que pronto partirían y yo no tenía que preocuparme. Luego me aterró la idea que fuera un destacamento de avanzada, y que una vez que hubieran reconocido el terreno, convocarían al resto del ejército con el objeto de ocupar el territorio indefinidamente. Eso no lo podía permitir. Siempre quedaba la posibilidad de que fueran pandilleras en noche de parranda, y que hubieran decidido darse un chapuzón esa noche en una alberca ajena. Miré en los alrededores y no vi destrucción alguna. Al menos no se dedican al vandalismo, me dije con alivio.

Puro cuento nicaragüense
Con un ojo me basta
Jaime Marenco Monterrey
Mi padrino Máximo Jerez, descendiente cercano del general y Dr. Máximo Jerez, héroe de la Guerra Nacional, fue un personaje en Rivas de mucha popularidad, le decían “Jerez de la Frontera” por una hacienda que tenía en la frontera, en Peñas Blancas, en límite con Costa Rica; le decían también, “El Tuerto Jerez”, pues le hacía falta un ojo, era hombre fuerte, valiente, bromista, de muy buen carácter, pero cuando se enojaba, era hombre serio. Cuando alguien le hacía mención de su defecto (“Tuerto Jerez”), él contestaba: “Para lo que hay que ver en este pueblo, con un ojo me basta”.

Puro cuento nicaragüense
Paslama
Patricia Belli
Si la piel cuero huevo pellizcas con el dedo índice y el pulgar de cada mano para tirar suavemente en sentidos opuestos la romperás fácil enemiga... la sustancia gelatinosa se entregará dócil dúctil a tu lengua sorbo lúbrico por la indulgente grieta.
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