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MIéRCOLES 2 DE OCTUBRE DEL 2002 / EDICION No. 22869 / ACTUALIZADA 01:31 am
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Calidad, desarrollo y carencias

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Un Cuento.

 

Luis Morales Alonso
Especial para LA PRENSA

La Bienal definitivamente tiene una calidad bien dispareja, heterogénea tanto en sus medios de expresión como en la calidad de la obra. Hablo de calidad tanto de la propuesta intelectual de cada artista, como de su factura, su producto final.

Hay obras que más que piezas de arte parecen referirse a ocurrencias, ideas efímeras que no se sostienen por sí mismas en un escenario internacional, ante un público más exigente que el nuestro que peca de “ignorante” al decir que todo es interesantísimo. La palabra interesante en nuestra aceptación de las cosas quiere decir no sé, no entiendo.

Las artes visuales, donde entra todo y de todo son espacios peligrosos para un artista, algunos grandes pintores incursionando en la instalación presentan propuestas mediocres y flojas, de una calidad muy baja, afectando su imagen lograda en décadas de trabajo como es el caso del maestro hondureño Ezequiel Padilla, con su “Capilla ardiente” resulta de mucha pobreza en su resultado final.

Igualmente entre las propuestas más débiles ubico las “ocurrencias” de Ronald Morán, de El Salvador, con su inodoro de pececitos “El orden de los factores altera el producto”; de Pedro Arrieta, con su caseta de guarda, forrada internamente con delantales de vivanderas y su urna con el “Horizonte espinoso hecho leña”.

Igualmente las dos piezas de Alejandro Ramírez, de Costa Rica, con su “Karaoke” y su habitación escenográfica “Ya no me soporto”.

OTRA OCURRENCIA

De Honduras, Santos Arzú Quioto que tiene una seria obra pictórica, presenta dos piezas que están solamente en la media de su calidad habitual, pero no superan lo ya realizado.

Algo impactante pero que no deja de ser una “ocurrencia” es el tapiz de ristras de ajo presentado por Adán Vallecillo y su “Casa curada”, buenas ideas que pueden resultar más elaboradas en una obra mayor.

Las propuestas de Guatemala muy por debajo de la expectativa, pues se trata de uno de los países de la región que ha dado una de las mejores pinturas de Centroamérica, ellos presentaron un catálogo como delegación de país, patrocinados por el Programa Permanente de Cultura de la Fundación Paiz para la Educación y Cultura de Guatemala.

Javier Azurdia presenta una obra “Un cuento”, formato de libro con páginas de tela pintadas al óleo montada sobre superficies rígidas, sus páginas grandes esparcimientos de color, atmósferas abstractas, sin mucho qué exponer.

Alan Benchoam sus fotografías blanco y negro, “Hasta cuadro”, 31 x 27 pulgadas. Interesante su propuesta del niño con traje de una etnia cachiquel donde el hombre usa pantalones y falda, saltando en una secuencia al mejor estilo de las artes marciales orientales.

SIN COHERENCIA

Álvaro del Cid Mazariegos presenta dos obras que no guardan la más mínima relación de medios, de propuesta, coherencia autoral, una de ellas es “Vidaland” un afiche de figuras que nos remiten mentalmente a los “tacos-lego” y la obra “Maximón” con tres muebles de factura tan reciente que no nos ubica en la antigua tradición de venerar a un muñeco que entronizan como San Simón, en varios pueblos indígenas de Guatemala.

Abel López Morales con unas pinturas muy tristes y pobres. Ángel Poyón Calí con una propuesta sobre intervención del paisaje, con sus fotografías que testimonian la experiencia de la colocación de una manta “Queremos Vivir” en el Cementerio de Comalapa (Guatemala) y tres lápidas de mármol “No estoy aquí”.

En ambos casos la obra de Poyón Calí da la impresión de ser una muy buena idea no desarrollada, le falta algo que remate la propuesta. Y Arturo Monroy que ha sido un gran pintor y dibujante, obtuvo mención honorífica en la primera Bienal del Istmo Centroamericano nos presenta dos piezas “Obelisco” y “Circulo vital, Fase 1 Fase 2”, donde no supera a su obra misma ni su calidad ya establecida, cayendo en el mismo impasse que mencioné sobre Arzú Quioto de Honduras, manteniendo una calidad plana.

De El Salvador Verónica Vides con una escultura de forma orgánica, sin mucho espíritu competitivo. Lo más notable de esta representación es la obra de Walterio Iraheta.

Son fotografías blanco y negro “Sueño Americano” y “Ece Homo” de las cuales algunas ya habían sido publicadas en revistas de circulación internacional, que poseen la perfección de la idea y la impresión de las imágenes filosóficamente estudiadas, la sobriedad y elegancia de sus dos conjuntos fotográficos merecían una destacada mención de honor.

NICARAGUA

Panamá, la gran sorpresa, representado por obras de gran calidad tanto en sus propuestas plásticas como sus contenidos, de altura en escenarios internacionales y facturas impecables, definitivamente el arte de Panamá es el más desarrollado en estos momentos, son una gran lección y una rica satisfacción.

De Nicaragua, no es bueno hablar mal de los amigos, pero... estamos muy por debajo de la expectativa creada, la fama, el “desarrollo entre comillas de los años 80”, como quien dice “Créate la fama y échate a dormir”. La mayoría de los artistas Patricia Belli, Patricia Villalobos, Raúl Quintanilla, Luis Morales Alonso, trabajamos especialmente piezas para la Bienal. No percibo eso en las fotografías de Claudia Gordillo, de la cual he visto muchas y mejores piezas, y también creo que la obra de Rodrigo González no está a la altura de su camino y recorrido alcanzado en tan corto tiempo, de otras obras donde lo ha caracterizado la seriedad de las propuestas.

Estas son opiniones muy personales desde mi punto de vista, mis criterios y mi capacidad, pero creo que sería un buen punto de partida para una discusión “entre artistas y especialistas” sobre la deficiente calidad de la Bienal.  
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