Masayas y leoneses bailaron a “Tata Chombo”
 | Ésta es una tradición que trasciende fronteras departamentales. Aunque San Jerónimo es el santo patrono de Masaya, también es adorado con mucha devoción en León, donde los “toros guacos”, son su elemento distintivo |
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Miguel Flores Mercedes Peralta Clarissa Altamirano departamentos@laprensa.com.ni
El pasado lunes, desde muy temprano, cientos de promesantes invocaban sus oraciones y encendían sus veladoras de sebo ante el altar de su Santo Patrono, San Jerónimo, en agradecimiento a “Tata Chombo” por los milagros obtenidos. El humo de la pólvora inundó los alrededores del templo, como el anticipo a la procesión hacia la parroquia La Asunción.
La multitud que acompañó al Santo, bailaba de espaldas y frente a la imagen, mientras más de 70 cargadores alzaban a la imagen para el reencuentro con sus fieles, que se extendían por siete cuadras.
La gran montaña, con más de 500 libras de peso y con San Jerónimo en la cumbre, se mecía al son de chicheros y marimbas. La procesión, encabezada por San Miguel Arcángel, el eterno acompañante de “Tata Chombo”, abría un surco entre la multitud acompañante.
En Masaya, el Toro Venado, con más de 60 bailarines, danzaba al son de chicheros, que reafirmaban el rango de esta ciudad como “Capital del Folclor Nicaragüense”, y hacían gala de la cultura y tradiciones propias de las fiestas patronales.
MILAGROS RECIBIDOS
Silvia Galán, promesante de “el doctor que cura sin medicinas”, desde hace nueve años paga promesa por recibir la sanación de su hijo, Javier Franco, quien sufría de bronconeumonía. “La promesa es acompañarlo con devoción a su procesión todos los años de mi vida y mi hijo también”, dijo.
Róger Morales recibió el milagro hace 18 años, cuando su hijo recién nacido no comía, estaba empachado y tenía los ojos morados. “Acudí a muchos hospitales para la cura de mi hijo, hasta que visité a San Jerónimo un 30 de septiembre y lo acompañé a su procesión en compañía de mi hijo Pedro Rafael Morales. Días después el niño reaccionó milagrosamente”, testificó.
TOROS GUACOS EN LEÓN
Mientras, en León, tambores, chischiles sonoros y tajonas, en manos de unos mil sorteadores que lucieron en sus cabezas sombreros con tiras de colores, desfilaron con los 23 toros en la procesión de San Jerónimo, en el recorrido tradicional desde Catedral hasta Sutiaba.
El padre Manuel de Jesús Cabrera, párroco de Catedral, ofició un novenario que culminó el 28 de septiembre, en el que participaron los dueños de los toros, que se inscribieron debidamente ante la “comisión de toros”.
Hasta hace tres años, el toro de Anita Maradiaga pertenecía a su esposo Isidoro Tórrez, quien ya falleció. Este año la familia Tórrez Maradiaga celebra 49 años de cumplir con la devoción que en esta gente creyente se volvió una tradición.
Una pareja de viejos, vestidos tradicionalmente, acompaña al toro de la familia Tórrez Maradiaga, que es sorteado al ritmo de seis tambores.
TRADICIÓN MUY CARA
Mario Cruz Sánchez, fundador de festival de los tradicionales “Toro Guaco” de Sutiaba, manifiesta que con el objetivo de mantener viva la tradición en las nuevas generaciones, cada año el comité organizador, integrado por el párroco de Sutiaba, Ricardo Juárez, organiza el concurso de toros, donde los participantes tienen que cumplir con el reglamento de disciplina, además de actuar con respeto y orden en el baile al ritmo de tambores.
-Cruz sale cada año con dos toros, uno pequeño y un grande, los cuales construye él mismo con bejucos que saca del monte y luego los adorna. Cada toro cuesta entre 2,500 y 3,500 córdobas.
-Son elaborados con sus propios recursos, ya que solamente tres personas los han patrocinado con pequeñas contribuciones. Este esfuerzo es realizado por amor a mantener la tradición.
-El baile se ejecuta al ritmo de tambores, se simulan estallidos volcánicos y se danza en forma de círculos, dejando el sol a “media luna”. Durante la procesión cada toro hace su reverencia, previamente son bendecidos para salir en orden, los de mayor antigüedad ocupan los primeros lugares en la fila del santo, mientras que los nuevos van en la cola. 
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