Valor estratégico de una alianza Europa-Asia
Emilio Álvarez Montalván ignacio@ibw.com.ni
La cuarta reunión de ASEM (“encuentro Asia-Europa”) terminó ayer en Copenhague, reunidos representantes de las quince naciones de UE y diez asiáticas: Burma, Darussalam, China (popular), Indonesia. Japón, Korea, Malasia, Filipinas, Singapur y Vietnam. Cuatro temas dominaron la agenda: a saber, desarrollo regional y desafíos del terrorismo globalizado, iniciado el 11 de septiembre: cultura y civilización; cooperación económica y financiera y desarrollo de recursos humanos con reducción de la pobreza. Tales planteamientos nos permiten analizar logros, y vacíos de ASEM. Estamos hablando de dos continentes que reúnen más del 50 por ciento de la población mundial.
Los objetivos de ASEM a escala regional son, entre otros, seguridad, democracia, equilibrio financiero, supresión de guerras, respeto a los derechos humanos, erradicación de la pobreza, lucha contra el narcotráfico, libre comercio, defensa del medio ambiente, educación y salud para todos. En ese empeño globalizante, lo mejor logrado integrado es la alianza transatlántica (EU-EE.UU.). En cambio, la vinculación Unión Europea–Asia, tiene fallas que limitan su rendimiento.
Señalar esas carencias, no desconoce el papel de EU en facilitar encuentros con los países orientales, a través de ASEM, ayuda a la reconstrucción de Afganistán, diálogo entre las dos Corea; encuentros entre China continental y Corea del Norte sobre derechos humanos, participación en KEDO, y convocar la cumbre entre India, China y Japón.
Sin embargo esos esfuerzos son incompletos, pues no tienen ni la extensión ni profundidad necesaria, ya que apartan a naciones tan influyentes e importantes como China Taiwan, que ocupa el 13 lugar en el comercio con EU y ayuda significativamente al mundo subdesarrollado, fuera que constituye un paradigma democrático demostrado en las últimas elecciones legislativas, donde triunfó la oposición. Otra ausencia lamentable en ASEM es India, cuya disputa con Pakistán es peligrosísima para la paz.
Además, ese aislamiento en que mantiene ASEM a India y Taiwan, no contribuye a aflojar tensiones. El caso más palpable es el de China Popular, que a través del estrecho, mantiene 400 misiles apuntando permanentemente a China democrática. Ya es hora que el Parlamento Europeo condene y ordene cesar esa inaceptable actitud terrorista. Tampoco es lógico que se rehúsen visas para EU a funcionarios de Taipei.
Lo que necesita ASEM para mejorar sus beneficios es un marco estratégico donde quepan naciones asiáticos indispensables para forjar una asociación consolidada de ambos continentes. Con eso queremos decir que incluya tanto reglas de juego inalterables, como garantía de libertades públicas, dos elementos para una base sólida en el desarrollo económico y social.
Este ordenamiento institucionalizado UE-Asia, eliminaría la idea que las relaciones con los países asiáticos son coyunturales y desordenadas y no decisiones estratégicas. Eso nos lleva a que ASEM asuma una preocupación constante en la prevención de conflictos y mantenimiento de la paz en Asia, como por ejemplo, estimular un diálogo político entre las dos Corea, así como entre República China continental y Taiwan, que defina mecanismos de evitar conflictos.
El último punto tiene que ver con el fortalecimiento de los intercambios educativos y culturales de Europa y Asia, que esta vez recibió en Copenhague especial importancia, y no tratado como meros instrumentos para abrir mercados. En ese contexto es estimulante la iniciativa de becas de ASEM presentadas por Corea del Sur, Francia y Malasia. Se trata asimismo de un intercambio que conduzca a un tratado de libre comercio EU-Taiwan.
En ese contexto de una ASEM integradora, su papel integrador estaría asegurado.
El autor es analista político y miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA

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