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MIéRCOLES 2 DE OCTUBRE DEL 2002 / EDICION No. 22869 / ACTUALIZADA 01:31 am
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Promoviendo excelencia
La Era Light

Anakarla Cantarero Malespín*

Los tiempos modernos nos han involucrado en un paradigma equivocado, son múltiples las atracciones que poseemos para esforzarnos cada día menos al realizar nuestras tareas: comidas rápidas, hornos de microondas, métodos para bajar de peso sin hacer ejercicios y comiendo todo tipo de comidas, y muchos facilitadores más.

Se calcula que los avances tecnológicos los últimos 50 años superan toda la historia humana, en síntesis, producimos cada día más y mejor, lo cual ha elevado nuestra calidad de vida, dotándonos del recurso más valioso y no renovable: el tiempo, sin embargo, la mayoría de los seres humanos, en lugar de utilizarlo para continuar en permanente evolución, se han sumido en la apatía de querer lograr todo sin esfuerzo, envolviéndonos en un nuevo virus social: la mediocridad.

Hemos sacrificado lo importante por lo urgente, la trascendencia por la temporalidad, el largo plazo por lo inmediato, podemos considerarlo como la miopía de nuestro tiempo, así por ejemplo, hemos preferido el placer de levantarnos tarde, sacrificando la satisfacción que nos puede producir realizar un trabajo puntual y bien hecho, los jóvenes han optado por el placer de la droga en lugar de un proyecto de vida.

Este fenómeno podríamos extenderlo a cualquier campo; en la empresa, atender solamente la demanda actual de nuestros clientes sin planificar el futuro, en la familia, los padres permisivos que buscan cosechar el agradecimiento de sus hijos sin visualizar como lesionan su futuro, configurando así una generación indolente y apática que desea todo de la vida sin esforzarse en nada, excepto en disfrutar de inmediato sin importar las consecuencias.

Los medios de comunicación se han hecho cargo de buena parte de esta indolente tarea, pues los héroes tan gustados por nuestra niñez y juventud representan personajes con éxito, millonarios de todo tipo que tienen una característica común, ninguno de ellos trabaja. Esta es la imagen que se ha transmitido al inconsciente de los televidentes, que el placer produce felicidad, lo cual es falso, pues el placer es una consecuencia natural de la felicidad, a menos que se produzca esa sensación de goce provocándola con estimulantes externos, como droga o alcohol.

En una encuesta reciente, en Latinoamérica se identificó este antivalor como el primero, en contraste con algunos países asiáticos que han propuesto el valor del esfuerzo como el pasaporte único para alcanzar el éxito.

Es un instinto natural del ser humano el anhelo de vivir mejor, el reto consiste en cómo lograrlo, hay caminos ya probados, en esencia son tres: pedir limosna, robar o trabajar.

Necesitamos imperiosamente romper con el círculo light, si queremos salir adelante, y sólo se puede lograr a través del esfuerzo. Hoy por hoy, nuestro más importante desafío es sacudirnos la pasividad y el aletargamiento, los cuales son los síntomas más notorios de la mediocridad, son tiempos de esfuerzos sostenidos, de constancia y perseverancias, de aplicarnos a fondo si de verdad queremos surgir como una nación de triunfadores.

Directora General Grupo Excelencia, Consultores en Nicaragua.  
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