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MARTES 1 DE OCTUBRE DEL 2002 / EDICION No. 22868 / ACTUALIZADA 1:30 am
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Editorial
Diputados liberales: ¿Casos perdidos?

El Presidente Enrique Bolaños declaró el sábado pasado, 28 de septiembre, que “mientras Arnoldo Alemán sea respaldado por 45 diputados que llegan al Parlamento a golpear las mesas en su apoyo”, y “llegue a la Asamblea Nacional con carros de policía pitando y apartando a todo el mundo como si fuera el rey de Siam, no va a ceder (...) y no nos va a dejar tranquilos para gobernar por el bien del país...”

Es comprensible la preocupación del Presidente Enrique Bolaños. En realidad, si los diputados del PLC continúan apoyando a Arnoldo Alemán será muy difícil que la Asamblea Nacional apruebe tal como necesita el Gobierno que sean aprobadas alguna leyes sustantivas que se deben tramitar próximamente, por ejemplo la ley del Presupuesto General de la República; ni se podrá adoptar decisiones parlamentarias urgentes y de suma importancia, como la escogencia de una persona verdaderamente honorable y confiable para Superintendente de Pensiones.

Además, el Presidente Bolaños no debe estar satisfecho con que la nueva mayoría parlamentaria de 47 votos dependa de los 38 diputados del FSLN, que han votado y probablemente seguirán votando con los liberales arnoldistas en algunos temas que perjudican al Gobierno —éstos para castigarlo por la lucha contra la corrupción y aquellos por sus intereses populistas—, y que hasta podrían hacer un acuerdo estratégico como ya lo hicieron antes con el pacto libero-sandinista de 1999 y la reforma constitucional de 2002.

Sin duda que fue por eso que al final de la semana pasada el Presidente Bolaños exhortó a los diputados liberales que permanecen fieles a Alemán, “a no seguir protegiendo a quien ha sido acusado de (cometer) varios delitos contra el Estado”, y otra vez trató de hacerles entender que “su lucha contra la corrupción no es por un acto de venganza o por pasarle la cuenta”.

Que los diputados liberales cambien de actitud es una conveniencia nacional, no sólo del Presidente Bolaños. Pero ¿son casos perdidos o son recuperables esos diputados liberales —al menos algunos de ellos— que hasta ahora han apoyado ciegamente a Arnoldo Alemán? ¿Podrán esos diputados liberales dejar de comportarse como pajes del rey de Siam —según la figura retórica de Bolaños—, actuar como verdaderos representantes del pueblo y colocar los intereses de la nación por encima de su fidelidad o de su temor a Alemán?

La verdad es que algunos de esos diputados participaron directamente en la orgía de corrupción que hubo en el gobierno anterior y están comprometidos hasta la médula con Alemán. Otros están agradecidos con el ex presidente liberal porque les ayudó a recuperar propiedades que les fueron confiscadas por los sandinistas, o porque los indemnizó generosamente con fondos del Estado. Y prácticamente todos ellos fueron escogidos personalmente por Alemán para ocupar las curules que ocupan y que les reportan jugosos beneficios económicos (unos tres millones y medio de córdobas, o sea más o menos doscientos cuarenta mil dólares norteamericanos, durante los cinco años que dura el mandato legislativo), así como las conexiones e influencias apropiadas para hacer negocios lucrativos ahora y después de dejar el cargo. De manera que es muy difícil que esos diputados liberales arnoldistas cambien por su propia conciencia y voluntad la posición que mantienen hasta ahora.

Pero el peor esfuerzo es el que no se hace. En política nada es imposible y al fin y al cabo nada se pierde con tratar de convencerlos de que dejen de apoyar a Arnoldo Alemán y que se unan con la bancada Azul y Blanco para recuperar la mayoría democrática en la Asamblea Nacional. En realidad, así como cinco diputados del PLC se decidieron a formar la bancada Azul y Blanco, otros más podrían hacerlo ahora, o cuando Alemán sea juzgado o cuando se hubiera marchado del país si es que finalmente escoge esta salida que muchos le están aconsejando.

Pero a los diputados arnoldistas no sólo hay que enamorarlos. También los deberían presionar legalmente, a los ex directivos con la acusación por el delito de Desobediencia que cometieron, y a los que llegan al Parlamento sólo a marcar tarjeta pero no cumplen su trabajo, por irresponsables podrían suspenderles el sueldo y llamar a sus suplentes.   
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