Edgardo Buitrago
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 | Conversar con él es revivir la
historia de Nicaragua, en especial de León, su ciudad natal |
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Don Edgardo Buitrago es un gran conversador, dueño de un gran intelecto y buena memoria. |
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Milagros Sánchez Pinell milagros.sanchez@laprensa.com.ni
La ceguera que sufre el historiador Edgardo Buitrago, producto de una enfermedad, no es obstáculo para que continúe con su pasatiempo favorito
“leer” y aunque no lo haga a través de sus ojos, tiene a alguien que lo haga por él para no detener su proceso de aprendizaje a sus 78 años.
Gran conocedor de la historia, literatura o religión, es así como se convierte en una visita obligada de cualquier persona a su paso por León para ilustrarse.
Abogado de profesión, por deseos de su padre, pero gran enamorado de la filosofía y las letras, muestra de ello es la biblioteca que se encuentra en su casa, donde tiene una colección de al menos cinco mil libros los que tiene clasificados en vitrinas de acuerdo al tema, a pesar de que muchas de ellos fueron quemados por el Sandinismo, algo que aún lamenta con mucha tristeza e indignación.
“La familia por tradición era dedicada a la investigación del derecho y cuando me bachilleré todos me decían que tenía que ser abogado, aunque yo quería estudiar filosofía y letras pero aquí no había”, recordó.
Autor de seis libros ya publicados y otros tantos que tiene por ahí sin darlos a conocer, pero que espera compartir en algún momento.
Su prodigioso intelecto es quizás la herencia más grande que recibió de su tatarabuelo don Nicolás Buitrago Sandoval, quien fuera uno de los primeros abogados nicaragüenses en graduarse en la universidad de San Carlos en Guatemala y primer presidente de la Corte Federal Centroamericana, cuando la Independencia y uno de los fundadores de la universidad en Nicaragua.
“Yo crecí oyendo a mis tíos, abuelos y padre, quienes se reunían después de almuerzo para hablar de todo, además tenía una tía que era un archivo viviente, quien sabía mucho de tradiciones e historia, todo eso me fue inspirando pero yo estaba inclinado más a las tradiciones leonesas y la religión y como me gustaba la cultura hispanoamericana me fui también metiendo al tema solo”, manifestó.
A los 16 años logra descubrir a Rubén Darío no sólo como el poeta, sino como el “reformador de la lengua española”, a través de la obra, Cantos de Vida y Esperanza, convirtiéndose la figura del gran panida como un héroe para él, al igual que Sandino.
Siendo abogado ejerció únicamente tres meses, cuando el padre José María Fernández “me dijo que venía a buscarme para fundar un semanario del Arzobispado de Managua, y me habían recomendado a mí para dirigirlo y me ofrecen 300 dólares que no era mucho pero pensé que eso me permitiría proyectarme”, dijo.
Viaja a Argentina para estudiar Derecho Sindical y es ahí donde se hace la pregunta de por qué en ese país la gente tenía más acceso a Ruben Darío que su verdadero dueño, la nación donde nació, regresando a Nicaragua con la idea de rescatar la casa de Darío, fundando lo que hoy conocemos como Museo Archivo del gran poeta.
Luego deja el semanario y se mete a político por el partido liberal pero después se cruza a los conservadores, sintiéndose atraído por Carlos Cuadra Pasos.
Contrajo matrimonio a los 43 años con Marina Sanson. “Antes de casarnos yo era su confidente de la poesía porque a ella le daba pena enseñarla y a mí me gustaba la literatura, caso que me llamó mucho la atención”, expresó. Don Buitrago enviudó hace seis meses.
Pese a su edad, él dice sentirse más que un estudiante y se pasa sus días “leyendo y estudiando, tratando de terminar algunas cosas con el interés de que sean aprovechados”, además es asesor de la Facultad de Derecho en la UNAN de León. 
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